Pilar Valero resolvió la Copa Galicia para el Celta Indepo, que crea dudas para la Liga

El título del miedo

Hola, me llamo Pilar Valero, llevo disputando la Liga Femenina desde hace 21 años y, aunque parezca que soy enclenque, con piernas cinceladas por un anti-Botero, me lo paso bomba en cada encuentro y en mayo cumplo 40 tacos; para los próximos Carnavales prometo hacer una de las mías, pero mientras tanto opto por aparecer cuando se me necesita.
No lo dijo ‘Pilarín’ pero seguro que lo pensaron Mar Xantal y Laura Grande, del Pío XII, ex célticas y grandes amigas de la maña, cuando Valero decidió arruinar las esperanzas visitantes en el último minuto del choque. La crisis también toca al baloncesto femenino y al peor Celta en años se le subió a la jeta el conjunto santiagués. Ya no se respetan los galones. Salvo los de la alero mañica. Cuando Grande anotaba un tiro libre y colocaba a las de Mozan cerquita (65-70, a 1:13), y el ataque vigués era un flan, la posesión se agotaba con Pilar frente al aro y a seis metros y medio. Triple limpio. Como siempre, pero con valor añadido: la aragonesa llevaba un triste 4/12 en tiros de campo y no había metido un solo triple. Es lo bueno de los buenos. Resucitan cuando hacen falta. Luego, que si el Pío, noqueado, falla, que queda el último ataque y, para meter más el dedo en el ojo rival, Pilar se marcaba sobre la bocina una entrada-gacela para colocar el tanteo final en un más claro 67-75 que no reflejaba los miedos y angustias celestes. Porque estaba Pilar. Para quien desconociese que al Pío le faltaban tres jugadoras por lesión (Mar Xantal, la americana Chineze Nwagbo e Isa Suárez), el partido estuvo entretenido por la igualdad. Para la afición viguesa el encuentro fue una agonía. Faltaba la lesionada Blanca Marcos, a la que se la añoraba tras su primer gran año, y también Noemí Jordana, físicamente en la pista pero mentalmente en una galaxia lejana. El Celta Indepo mandó siempre (salvo un 23-23) porque Sliskovic se imponía dentro y Egle Stakneviciene empezaba anotando —merece capítulo aparte—, pero el perímetro compostelano empezó a forzar numerosos rotos desde la línea de tres puntos (7/11 triples metidos al descanso). Y la viguesa Ana Román estuvo fantástica. ¿Y Egle? Terminó el torneo como tercera anotadora, primera céltica, y segunda reboteadora, pero la sensación dada es que cuando vuela la primera bofetada en la zona huye a 7 metros, que no se impone en el rebote defensivo y que para ser la jugadora franquicia necesita más actitud y aptitud. Todas estas pequeñas batallas llevaron a que la guerra estuviese igualada hasta el primer tirón vigués (48-60), entre el final del tercer cuarto y el comienzo del último (56-68). Después, el miedo. Y Pilarín, Gran Reserva del 70.

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