El Celta B sudó para sumar su cuarto triunfo seguido ante un Eibar que acabó con dos menos

Sufrir contra nueve

Kijera, que acabó expulsado, y el céltico Dani Gaíl. Foto: j.v. landín
El fútbol no es matemática. Por eso, el Celta B, con dos jugadores más sobre el campo, acabó pidiendo la hora para sumar una meritoria victoria ante un Eibar al que rompió las dos expulsiones, estrictas pero legales, sufridas. Con este triunfo, los célticos encadenan cuatro consecutivos y se suben a la zona noble de la clasificación.
Empezó el filial sin Álex ni Toni en el once. El primero sufrió el viernes una gastroenteritis que aconsejaba su reserva en el banquillo; el segundo acumula cierto descanso y Abelleira prefirió dejarlo en la grada. Y las piezas quedaron dispuestas sobre el tablero de Barreiro, cuyas reducidas dimensiones —a imagen de Ipurúa— invitan a los duelos tácticos. Fue un arranque intenso, con el conjunto vasco sólido y el vigués valiente. La pelea por el control de un centro del campo superpoblado marcó ese inicio. Y la primera gran ocasión la disfrutó un viejo conocido de Balaídos, Sutil, con un disparo a bocajarro que se encontró con un Sergio que mantiene su inspiración. El Eibar fue cogiendo cuerpo. Cerraba su defensa y no pasaba excesivos problemas, salvo una contra que Víctor estuvo a punto de culminar felizmente. El filial pasaba por dificultades sobre todo en las acciones a balón parado, con Sutil de colocador eibarrés.

Doble expulsión
Hasta que un balón suelto en el centro del campo se convirtió en decisivo cuando a Lombraña le dio un exceso de celo a la hora de frenar en falta a Mateo. Roja y el Celta B iniciaba el segundo capítulo con uno más sobre el césped. Circunstancia que variaría enseguida cuando otra acción lejos de las zonas de peligro terminó con la segunda amarilla de Kijera y dejó al Eibar con nueve. Faltaban 40 minutos y el partido se le ponía de cara al filial, que lo agradeció apenas cinco minutos después con el tanto de Pablo Lede. Todo iba cuesta abajo para el segundo equipo céltico y arriba para los vascos. Pero estos últimos apostaron por morir matando, adelantaron líneas, acortaron el campo y su presión provocó innumerables pérdidas de balón en los locales. Salieron Álex, Pedro Vázquez y Pedro García para poner criterio, pero las pocas ocasiones locales las desperdiciaron y Sutil tuvo incluso el empate.

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