Atlántico

CELTA

Una red de seguridad que evita saltos al vacío

Balaídos volvió a ser un fortín para un Celta que ha logrado una comunión con su afición que le hace invulnerable a las adversidades cuando juega en el Municipal

Las banderas que repartió el club en los accesos al campo llenaron de colorido el estadio, que presentó un aspecto magnífico en los compases previos al inicio del partido, en los que se entonó    el himno a capela mientras los futbolistas saltaban al césped.
Las banderas que repartió el club en los accesos al campo llenaron de colorido el estadio, que presentó un aspecto magnífico en los compases previos al inicio del partido, en los que se entonó el himno a capela mientras los futbolistas saltaban al césped.
Una red de seguridad que evita saltos al vacío

Decía la canción que "siempre encuentras algún listo que sabe lo que hay que hacer, que aprendió todo en los libros, que nunca saltó sin red". Seguramente el sentido del mensaje es otro pero, en esta ocasión -y ya van tres consecutivas-, el Celta volvió a ser el listo que sabe lo que hay que hacer y que no saltó sin red. Es lo que sucede en Balaídos últimamente, que los celestes tan solo se tienen que dejar llevar por el tsunami de una afición entregada a la causa con la seguridad de que, si caen, un suave colchón en forma de animación constante va a amortiguar el golpe y a devolverles rápidamente a la verticalidad.
20.546 aficionados poblaron las bancadas del Municipal vigués. La receta de la invitación por socio volvió a funcionar y, por tercera vez consecutiva, la entrada superó la frontera de los 20.000 espectadores. También por tercera vez consecutiva la receta funcionó y el equipo céltico consiguió una importante victoria ante un rival directo que le permite dar un paso más hacia la permanencia en Primera.
Lo que varió en esta ocasión fue el cómo. Ante Villarreal y Real Sociedad, el Celta empezó perdiendo y se vio obligado a remontar de la mano de la grada, con más corazón que fútbol. Frente al Girona, los celestes firmaron el mejor primer tiempo que se recuerda en mucho tiempo. Pero sin piedras en el camino no es lo mismo. Lo peor de los de Escribá en la primera parte fue una falta de puntería que pagaron pronto, cuando Portu empató en la primera acción del segundo acto.
De nuevo un golpe y de nuevo el mismo analgésico. Tras la desesperación de los cinco minutos de espera por el VAR, la curva de Marcador y la grada de animación se pusieron manos a la obra y empezaron a fraguar la reacción mucho antes que el equipo, desorientado durante diez minutos. Pero como no hay peligro que valga cuando saltas con red, el Celta encontró el camino que la atronadora animación de su gente le marcaba y volvió a agradecérselo con un triunfo. n