Atlántico

ATLETISMO

La racionalidad en lo inhumano

El redondelano José Antonio Figueroa completó en el mes de setiembre el TOR des Geants, de 356 kilómetros
José Antonio Figueroa, de negro, sufrió una nevada en los primeros kilómetros del TOR des Geants.
José Antonio Figueroa, de negro, sufrió una nevada en los primeros kilómetros del TOR des Geants.
La racionalidad en lo inhumano

José Antonio Figueroa, redondelano de 38 años, es uno de los desconocidos ilustres del mundo de las carreras de montaña. Se define como un "amateur. Un popular más, como los que van al Trail do Galiñeiro", pero en los dos últimos años completó alguno de los ultra trails más duros del mundo con buenos resultados. Su hazaña de mayor nivel es la última porque el pasado mes de septiembre concluyó en la 62ª posición de 957 atletas el TOR des Geants, una carerra en la región italiana del Valle de Aosta con 356 kilómetros y 27.390 metros de desnivel positivo. "Hay alguna más que la supera en distancia, pero por etapas. Así seguido, creo que poco hay. Yo tardé 106 horas y solo dormí cinco. Son 4 días y 10 horas para terminarla. La organización pone unas bases de vida cada 50 kilómetros y refugios cada 10 o 15. En las bases puedes dormir lo que quieras, pero siempre con un tiempo máximo de corte y en los refugios, como máximo, dos horas", explica el deportista de Redondela. 

Un esfuerzo que considera "inhumano. Así se lo comento siempre a los que entrenan conmigo. Es una barbaridad". No obstante, en su táctica de carrera sí aparecen muchos elementos racionales porque en la competición italiana, Figueroa funcionó como una calculadora. "Yo iba fiscalizando y, según lo que me demandaba el cuerpo, me iba a dormir. Al llegar a un sitio dices al tío de allí del refugio, que a la hora te despierte, pero casi siempre despiertas tú antes. Tienes esa tensión de estar en la competición y seguir". Una táctica que le sirvió porque "a mitad de carrera iba por el puesto 200 y terminé en el 62. Adelanté a bastantes, aunque fui mucho tiempo solo porque comencé con otros dos corredores, un colombiano y un mexicano, pero después los dejé. Cogía a otros y no me aguantaban y así hasta meta". 
Poder terminar la prueba del Valle de Aosta fue todo un reto para el deportista redondelano y culmina un proceso que comenzó hace algo más de cinco años. "A partir de 2013 fue cuando comencé a tomarlo un poco más en serio. Entré en el GMTA Chuvoners, el club en el que estoy ahora, y me metí. Poco a poco, fui subiendo kilómetros. De 20 a 30 y así. Poco a poco, más. Según te vas marcando retos, más horas tienes que ponerle encima. De joven, iba a correr un día a la semana o así. Nada más", afirma. Y, de esta forma, el paso definitivo llegó cuando "en 2014 me fui a hacer la Ultra de la Sierra de Gredos, que tiene 85 kilómetros y 4.500 de desnivel positivo. Me pareció duro, duro, duro. Me dije: ¿Dónde me metí? Pero, al terminar, ya quería volver al año siguiente. Todo lo que es alta montaña es muy bonito. Acceder a donde te llevan estas carreras es muy duro. Pero, una vez allí, hay lugares en los que piensas: me encantaría que estuviera aquí la familia conmigo para ver esto". 
Precisamente, su pareja y los hijos de José Antonio Figueroa son los que "ponen los límites. Para poder ir a Italia, ella tuvo que pedir las vacaciones y cuidar de los niños". De hecho, el corredor de Redondela admite que "para mí es un hobbie, aunque ahora se me ha ido un poco de madre. Si eres profesional te dedicas a esto en cuerpo y alma, pero yo sigo siendo amateur, madrugo para ir a entrenar y hacerlo compatible con la vida familiar y laboral". 
Para buscar grandes desniveles tiene que ir a los Pirineos o los Picos de Europa, pero también entrena por cerca de su casa con rutas especialmente conocidas por la gente del sur de Galicia. "En cada sesión hago, como mínimo, 16 kilómetros y después todo a mayores. Subo mucho por la zona del Vixiador, también por el Galleiro, que tengo la base a 4 kilómetros de casa, y ya no hay metro que se me escape. Por ejemplo, el pasado sábado me levanté a las 6 de la mañana para ir a Pontevedra y volver. Otro entrenamiento habitual es ir de Redondela hasta Santiago por el Camino Portugués. Al ir por ahí, tengo toda la logística porque encuentro sitios para parar con bares y tiendas para beber y comer algo. Paras un momento y sigues". 
En los dos últimos años, Figueroa afrontó el Ultra Trail del Mont Blanc "con bocadillos de nocilla, chocolate y Coca Cola" como avituallamiento, la Transgrancanaria o la Ronda dels Cims en Andorra, con 170 kilómetros. "Lo más duro que hice, un serrucho. Arriba y abajo continuamente", explica. Todo estos retos, sin un entrenador personal, a base de autogestión. "Voy por libre. Escucho el cuerpo y, según las sensaciones, hago más o menos. Si un día me encuentro peor, me vuelvo para casa. Lo que sí que hago es una planificación de varios meses o de un año. Marco las carreras y entreno para ellas". 
De hecho, el redondelano va tan por libre que carece de Facebook y patrocinadores. "Soy totalmente amateur. Me dicen que me vendo poco", admite. Paga todo de su bolsillo y, por lo tanto, acepta cualquier esponsorización.n