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Quien falte, se lo pierde

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CELTA

Quien falte, se lo pierde

La afición respondió en buen número, superando la asistencia las 19.000 personas, pese a lo inusual del horario.
photo_cameraLa afición respondió en buen número, superando la asistencia las 19.000 personas, pese a lo inusual del horario.
Balaídos, como sucedió ante el Sevilla, vivió un partido intenso de final feliz con el equipo
Después de meses de penurias en casa, el Celta está convirtiendo cada partido en casa en una bonita historia que contar. Con mucho de épica y con participación determinante de la grada, que no es mera espectadora sino actriz principal. Y sentirse parte de algo siempre gusta, incluso en un mediodía soleado de sábado en el que los quehaceres pueden ser múltiples, más allá de acudir a ver un partido de fútbol entre dos de los tres últimos clasificados de Primera División.
El club tocó a rebato entre sus socios y redujo el precio de las entradas –alguna todavía quedó de las 600 que se ponían ayer a la venta- para intentar que lo inusual del horario no rompiese la magia lograda en los tres últimos encuentros, con sendos desplazamientos a Valencia y Madrid y la segunda mejor entrada del curso ante el Sevilla. Se logró tanto por número 
–se superaron los 19.000 aficionados (19.335)– como, sobre todo, por actitud. La efusividad de los futbolistas tiene correspondencia inmediata en el graderío, muchas veces para bien, como en la recta final del duelo de ayer, y otras para mal, como en las polémicas con el árbitro Munuera Montero.
Porque el colegiado fue protagonista, se supone que involuntario, del partido desde la expulsión de Bradaric. Una decisión que provocó una tormenta de indignación en Balaídos, donde sobran corazones y faltan pantallas. En este caso, la comunión con el equipo acabó siendo perjudicial, pues éste tardó más en serenar su ánimo que el graderío.
Quien diga que no tuvo dudas en ese instante miente o posee un corazón a prueba de razones. La no expulsión de Óscar volvió a encender la corta mecha celeste, que ya no se apagó para festejar como era menester otro tanto de Iago Aspas, otro gol fundamental del moañés.
En los últimos, desde el campo surgieron regidores  varios: Hugo Mallo, Rafinha, Murillo, Aspas... Todo ellos bracearon para que la afición incrementase su apoyo. Fue una bonita historia que contar.n

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