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Misma meta, distinta senda

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mundial júnior de balonmano

Misma meta, distinta senda

Mamadou Dicou posaba ayer en la recepción del hotel de concentración de España en Vigo.
photo_cameraMamadou Dicou posaba ayer en la recepción del hotel de concentración de España en Vigo.
Dicou soñaba con llegar al Barcelona por la vía del fútbol y lo ha hecho por la del balonmano
Dicen que los caminos del Señor son inescrutables. O los de la vida. También los del deporte. Cuando Mamadou Dicou era un niño, se imaginaba convertido en un gran futbolista enfundado en la camiseta del Barcelona. Hoy, después de emigrar a España desde Senegal cuando tenía nueve años, puede decir que ha conseguido ser un jugador del Barça. Pero del de balonmano. No ha llegado por el camino que esperaba, pero ha llegado. "Era un sueño que tenía y que quería cumplir mediante el fútbol. Pero por el camino apareció la oportunidad de jugar al balonmano y pude lograrlo por esa vía. Al fin y al cabo sigue siendo mi sueño", explica.
Pero Dicou es mucho más que un jugador Barça. Es el más joven de los Hispanos júnior -tiene 19 años con compañeros de 21- que están disputando el Mundial en Vigo y Pontevedra. "Me caen muchos vaciles, pero es normal en un grupo", desvela con buen humor, pero también reivindica que está "súper contento" con este colectivo, con el que ya jugó cuando ellos eran juveniles y él todavía cadete. "Siempre he jugado con compañeros mayores que yo. Te ayuda a madurar", destaca. En ese sentido, el extremo, que ha debutado este año en el primer equipo del Barcelona, tiene un espejo en su compañero de posición Gonzalo Pérez. "Con alguien como él no te queda otra que estar siempre al máximo, sino te toca chupar banquillo siempre. Te exige y te ayuda a mejorar", apunta.
Pero antes de ser internacional, antes incluso de ser jugador de balonmano, Mamadou vivía en Senegal con sus abuelos. Allí fantaseaba con venir a Europa y convertirse en un gran jugador de fútbol. El primer paso lo dio con nueve años. Emigró a Alcalá de Henares junto a su hermano mayor para estar con sus padres. Ellos se sentían futbolistas, pero el balonmano se cruzó en su camino. "Nuestro profesor de Educación Física, Juan Manuel, conocía a varios entrenadores y nos invitó a probar y allí nos quedamos", rememora. Era el comienzo de una progresión meteórica que le llevó del Iplacea complutense directamente a la Masía. Con solo 14 años y cuatro de balonmano a sus espaldas, tuvo que separarse de nuevo de sus padres para emprender su propio camino vital en solitario en la Ciudad Condal. "Fue muy duro, la verdad", recuerda el benjamín de los Hispanos júnior. "A nadie le gusta dejar a su familia atrás, pero apareció la oportunidad y no podía decir que no", subraya Mamadou, que cristalizó su aspiración futbolística mediante la vía del balonmano, por la que aún tiene mucho por recorrer. n

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