El Belarmino sana a quien lo corre

Pese a que no llovió, el circuito mantenía el recuerdo de la humedad y había que calibrar cada pisada. Lo que es el cross.
photo_camera Pese a que no llovió, el circuito mantenía el recuerdo de la humedad y había que calibrar cada pisada. Lo que es el cross.
Jorge Puig y Uxía Pérez ganan por segunda vez en San Andrés tras una edición escasa en número pero no en historias

El Belarmino sana. De múltiples maneras. Un sanar doliente, sufriente. Cada corredor encuentra en él más que lo que busca, lo que necesita. Aunque a veces ambos factores coinciden. En cualquier caso, sana. El Comesaña Sporting Club lo receta una vez al año.

 

 

La 44 edición del Memorial Belarmino Alonso, en el circuito de A Xunqueira de San Andrés de Comesaña, no fue la más numerosa en lo que a sénior se refiere. Tal vez, la menos. Porque aunque el Belarmino tenga vida de por sí, fuera de calendarios federativos, no puede estar ajeno al mal que aqueja al campo a través, cada vez más campo -vacío- y menos a través. Pocas piezas, lo que permite individualizar todavía más el devenir de cada participante, su inquietud previa y su satisfacción final.

No llovió, aunque el recorrido mantenía en su interior el recuerdo del agua. Húmedo y un tanto irregular, obligando a considerar casi cada apoyo. Nada extraño para un cross. Nada malo para un cross. Además, como es norma, cuanto más pisado, más castigado. Lo encontraron virgen las carreras sub-20 y sub-18, las que abrían la matinal. El céltico Asheber Díaz y la comesañense Celia Díaz se impusieron -interesante figura en el correr de la atleta del club organizador, empeñado en el trabajo de cantera-.

Llegó el turno de la carrera sénior y sub-23 masculina, con apenas 20 corredores. Jorge Puig tiene un idilio con el Belarmino, una cita ineludible para el atleta de Atletismo Santiago, quien además defendía título. Y lo hacía ante el mismo principal oponente que repetía ayer, el vigués Carlos Porto (Gimnástica Pontevedra). No rehuyeron su papel protagonista, aunque de inicio contaron con la compañía del portugués Ricardo Queirós y de los sub-23 célticos Hugo García y Hugo Suárez. El luso acabaría completando el podio y los otros dos, abriendo y cerrando la clasificación sub-23.

La victoria estaba entre Puig y Porto, cada uno con su deseo de victoria, cada uno con su fórmula para lograrla. El vigués marcó el ritmo desde la salida y ensayó cambios de ritmo para hacer exigente la carrera. Logró su objetivo con todos menos con Puig, que aguantó el envite sin aparente problema y, cuando consideró que era la distancia ideal, lanzó su ataque y se quedó solo. Parecido a doce meses atrás, pero más sencillo. Puig encontró ese triunfo resplandeciente en una prueba a la que cogió cariño desde niño. Porto se probó, constatando que la preparación va bien para la pista. A cada uno, lo suyo.

Mientras ellos acababan, ellas esperaban en la línea de salida. Eran nueve, ocho sénior y la sub-23 Branca Fernández, que no terminaría. Escasa estampa; solitaria, incluso, porque faltaba Soledad Castro -en sus quehaceres mediomaratonianos por Vilagarcía-. El esperado dúo de cabeza pronto se situó en la misma. Las célticas y compañeras de entrenamiento Eva Piñel y Uxía Pérez. Dos fisonomías contrapuestas: longilínea de amplia zancada la una, casi más triatleta; más recortada y con más potencia la otra. El punto y la i corrieron juntas gran parte del recorrido, con la espigada por delante. Hasta que Uxía incrementó el número de zancadas y se fue escapando con tenacidad y esfuerzo, sonriendo por debajo del rictus de sufrimiento. Fina como hace mucho. Victoriosa.

Por detrás, Begoña Domínguez (Ourense) mantuvo un interesante mano a mano con la viguesa Sandra Mosquera (Comesaña), quien honra merece. Por su fidelidad al atletismo y a la cita de su club. No obtuvo podio, pero sí debe obtener aplauso.

Restaban las carreras de categorías inferiores, apadrinadas por Xogade, las que hoy por hoy dan cuerpo al Belarmino. Las que pueblan las líneas de salida y los laterales del circuito. Las que crean afición desde bien pequeño al Belarmino. Para que, en el futuro, siga curando.

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