Atlántico

NATACIÓN

Gran exigencia y mano izquierda

Luisa Domínguez dirige el grupo gallego de alto nivel de natación que cuenta con la recuperada María Vilas 

Luisa Domínguez dirige el grupo gallego de alto nivel de natación y en él se encuentra María Vilas
Luisa Domínguez dirige el grupo gallego de alto nivel de natación y en él se encuentra María Vilas
Gran exigencia y mano izquierda

Luisa Domínguez (Vigo, 15 de enero 1971) vive entre adolescentes, trabaja con ellos y busca su mejor versión deportiva. Un bagaje de años que le otorgan experiencia y también una buena dosis de mano izquierda, como mostró en los últimos meses con la recuperación para el primer nivel deportivo de la riveirense María Vilas, que "cuando llegó, estaba completamente fuera de forma después de año y medio sin competir. Se tiró al agua y empezó de un lado a otro y punto. Las cosas no comenzaron a funcionar hasta después de dos meses y, la verdad, es que físicamente ahora está mejor que nunca, tanto de peso como de fuerza. Ahora tiene que buscar las sensaciones en el agua". 
La deportista se clasificó para los Juegos Olímpicos de Río y, tras los mismos, colgó el bañador porque "había llegado al límite y, más que físicamente, era una situación mental. Lo pasó muy mal. Ella entiende que al alto rendimiento se puede llegar por varias vías y ella no aguantó. Mientras estuvo con nosotros, se encontraba bien, pero en el grupo al que fue con Fred Vergoux no le fue bien. Piensa que en la vida hay más cosas que el deporte y se saturó. El estar 24 horas siendo nadadora fue lo que la minó", explica Luisa Domínguez, que ejerce de entrenadora, pero también de confidente con una deportista a la que conocía bien porque siempre la entrenó. 
Vilas creció en Pontevedra en el grupo de Tecnificación Deportiva, que dirige Domínguez. Allí se formó hasta que decidió dar un paso más y ponerse a las órdenes de Fred Vergoux y compartir piscina con Mireia Belmonte, entre otros deportistas. La nadadora y su preparada de toda la vida hablaron y "nuestra opinión es que no era la mejor opción. Yo conozco a los dos y sabía cómo iba a ser esa combinación. Ella quiso dar el paso, la apoyamos, y al final pasó un poco lo que nosotros temíamos. María Vilas apostó y, de hecho, era ella la que tenía que hacerlo. Hasta conseguir la mínima para los Juegos fue bien, pero después con la presión, fueron tres meses de máximo estrés y su cabeza ya no estaba", indica la preparadora viguesa. De esta forma, ella explica que "cada persona es un mundo y cada deportista también". El ejemplo es claro al expresar que "Mireia Belmonte aguanta el ritmo con Vergoux y es algo que a ella le va bien. Como explica María Vilas, es una nadadora que necesita una bronca cada día para poder rendir. No obstante, ella dice que si tiene que escuchar una bronca cada día, lo que le produce es que se agobia al ir a la piscina". 
María Vilas tuvo que parar porque el diagnóstico fue claro y contundente. "La psicóloga le dijo que tenía que desaparecer de las piscinas. Se dedicó a trabajar en una tienda de deportes, cambió toda su vida, y después volvió cuando sentía que estaba preparada", explica Luisa Domínguez. Ahora, la entrenadora viguesa se encontró una deportista que "en estos momentos, es una persona muy fácil de llevar. Anteriormente, había que tirar todos los días, pero ahora es Vilas la que quiere y nosotros la llevamos para que disfrute del camino. Pasaremos épocas peores o mejores. Mi relación con ella es estrecha y nosotros también lo pasamos mal porque María Vilas estuvo mal de verdad. No era una cuestión de adolescente. También, con el paso de la experiencia y al superarlo, ve las cosas desde un prisma diferente. En ese sentido, le vino bien porque es otra persona". 
De esta forma, en Pontevedra la joven de Ribeira ahora "está en un gran momento. A nosotros nos viene bien porque me da mucho. Al final, tengo a un campeón de España infantil, pero claro, no es nada porque está entrenando con una olímpica. No pueden subirse a la parra y ella también se contagia por la ilusión de los pequeños, que hacen todo lo que se le pone por delante sin miedo". 
Un escenario de trabajo en Pontevedra para encontrar el equilibrio en un equipo con con Carla Goyanes, Paula Otero, Carlos Souto, Pablo Cabana... Todos entre los mejores de su edad en España. "Hay un grupo muy bueno y, de hecho, hay nadadores masculinos que van más rápido, que la propia María Vilas y también tiran de ella. Es perfecto", explica su entrenadora, Luisa Domínguez. 
Por lo tanto, la preparadora añade que "en cinco o diez años, igual nos sale algún otro nadador de élite. Tuvimos la suerte de tener a Bea Gómez y a María Vilas en un período de tiempo bastante corto y no pasa muy a menudo, pero intentamos sacar gente". Para ello trabaja la viguesa y su compañero, Fernando Zarzosa. Una tarea con una alta dedicación y que también conlleva realizar concentraciones con la selección española y con el equipo del propio Vergoux porque "es de lo que más aprendes. Estar en una concentración en Sierra Nevada conlleva asimilar cosas que no se encuentran en libros o en cursos. Siempre tomas un café con técnicos de figuras internacionales y es donde más estamos creciendo". Después, trasladan los conocimientos a un grupo de entrenadores en Galicia porque "un viernes al mes citamos al colectivo de seguimiento, unos treinta nadadores con sus técnicos, en Pontevedra para transmitir los conocimientos que nos llegan a nosotros. Es una aprendizaje continuo", indica. Todo ello para, en el futuro, poder volver a tener un nadador gallego en los Juegos Olímpicos, ya sea la recuperada María Vilas u otro nombre. Mientras, seguirá trabajando en Pontevedra con jóvenes que quieren llegar al primer nivel y una ribeirense que "me dijo que este año quiere ser la que vuelve, pero el próximo desea ser María Vilas, la de siempre". Cualidades físicas parece tenerlas y, por lo vivido en los últimos meses, la capacidad mental también.n