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Escribá apunta pero no dispara

El entrenador del Celta asume con algún pero una planificación que no se amolda al dedillo a sus peticiones
Fran Escrbá da indicaciones durante el entrenamiento de la mañana de ayer en A Madroa.
Fran Escrbá da indicaciones durante el entrenamiento de la mañana de ayer en A Madroa.
Escribá apunta pero no dispara

No es ninguna novedad que los clubes y los entrenadores vivan semanas de cierta tensión cuando el mercado tiende a su fin. Los objetivos son los mismos, pero las responsabilidades, bien distintas. Los unos quieren ganar ya, pero tienen que pensar a largo plazo en lo económico y en lo deportivo –incluso en la posibilidad de que haya un cambio en el banquillo–; los otros quieren ganar ya porque saben que su puesto depende de ello y que precisamente el club se lo va a exigir.
En las últimas semanas, el entrenador del Celta, Francisco Escribá, ha mostrado públicamente disensiones con el plan de la entidad en matices. Mensajes más a leerse entre líneas, fundamentalmente en las ruedas de prensa post-partido, mucho menos controladas y, por ello, más sinceras, que las anteriores a los duelos. La cuestión es la confección de la plantilla en sus últimas piezas, una vez que las primeras –léase Denis Suárez y Santi Mina– siempre han tenido un apoyo unánime.
Hace dos semanas, Escribá pedía un "recuperador" y lamentaba tener que utilizar como pivotes a futbolistas que, en su concepción futbolística, no tienen los conceptos defensivos necesarios interiorizados. En tal tesitura, el club se decide por dar una vuelta más de tuerca al regreso de canteranos trayendo a Pape Cheikh, futbolista de muchas cualidades pero que tampoco responde al perfil exacto pedido por el técnico. Con todo, el valenciano, en la rueda de prensa previa al encuentro del sábado 
–más reposada–, dio su visto bueno al fichaje señalando que el de Senegal puede realizar esa labor "perfectamente".
Y llegó la comparecencia posterior al Madrid. Con las pulsaciones todavía heredadas de la derrota, Escribá dejó, entre muchos otros,  dos mensajes: se vio obligado a poner a Toro Fernández porque no tenía más opción y la política de cantera enarbolada por el club le parece "muy bonita" pero matiza que "a veces nos limita en cosas". Más allá de un discurso poco claro en el que la comparación con el Real Madrid sonó demasiado fuerte, el técnico se refería no a los fichajes de Denis o Mina, sino a la profundidad de su banquillo.
En el fondo, todo se concreta en la necesidad de que Escribá sepa manejar la plantilla que el Celta le pondrá en las manos el próximo 1 de septiembre. Y calibrar si la filosofía futbolística que se quiere mantener desde Príncipe –protagonismo con el balón, juego elaborado y vocación ofensiva– casa con la que propugna el técnico valenciano.
En este sentido, cabe valorar el dibujo táctico como una señal más. Escribá mantiene su apuesta por el 4-4-2 y ha dicho públicamente que no tiene jugadores para hacer un 4-3-3, cuando a principio de pretemporada confiaba en poder manejarlo. Por otro lado, el Celta lleva años diseñando sus plantillas en base a un 4-2-3-1, dando después libertad a los técnicos para que coloquen a esos futbolistas como les plazca. De ahí, por ejemplo,  que hayan proliferado los mediapuntas en los últimos mercados, tanto para jugar por fuera como por dentro, y que el número de delanteros haya sido limitado. Y que, en los últimos cursos, no aparezcan los extremos que ataquen el espacio que han solicitado más de un entrenador, entre ellos el actual. Un perfil, por cierto, que tampoco casa mucho con Manuel Agudo 'Nolito', la opción preferencial para reforzar las bandas en este mercado veraniego hasta la fecha.

El momento de la temporada
Las diferencias entre club y entrenador son, por el momento, perfectamente asumibles y achacables al momento de la temporada. La cuestión es cómo caigan las palabras de Escribá en Príncipe y cómo se mantiene la relación del valenciano ya no con el director deportivo, Felipe Miñambres, sino con el consejo celeste. El pasado curso, una situación similar de partida con Antonio Mohamed acabó en divorcio.
La elección del entrenador fue un dolor de muelas la pasada campaña. En la actual, Escribá fue la apuesta tras lograr la salvación. Falta por saber si al decidir seguir, ambas partes tenían claro tanto las prioridades –que sí– como las posibilidades –que a ver–. El mercado se acaba y el difícil calendario en el arranque liguero aprieta y facilita dramatismos.