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El futuro tiene un pasado

Losada salió del Catoira en 2013 para crecer futbolística y personalmente en A Madroa
Iker Losada golpea un balón durante el entrenamiento de la mañana de ayer en A Madroa.
Iker Losada golpea un balón durante el entrenamiento de la mañana de ayer en A Madroa.
El futuro tiene un pasado

Iker Losada (Catoira, 2001) ya ha entrado en la historia del Celta por ser el primer futbolista nacido en el siglo XXI que ha jugado, y que ha marcado, con el primer equipo celeste. El pasado sábado, con el duelo liguero ante el Real Madrid, fue un día muy especial para este hijo de exfutbolista, más concretamente de exportero y actual entrenador de porteros, Salvador Losada. Quien, por cierto, en su juventud acudió a una prueba con el Sevilla que no cuajó y acabó jugando en equipos de la zona de Catoira en categorías autonómicas. Por eso, sabe mejor que nadie que su vástago no debe dejarse cegar ahora por las luces del debut. 
Lo cierto es que Losada, que saltó al campo apenas a dos minutos del final pero le dio tiempo a ver portería, responde al perfil de canterano al cien por cien. Con sus 18 años recién cumplidos, lleva ya seis temporadas completas en las categorías inferiores del Celta y ha pasado por todos sus equipos. Siempre llamando la atención, pero acompañado de una meticulosa labor de los técnicos de la base para que la perla no se perdiese.
Uno de ellos es Jorge Cuesta, su entrenador los últimos años con los juveniles. Aunque él mismo concede mucha más influencia en el joven Iker a Álex Otero y Claudio Giráldez, cada uno en su momento. Antes de recalar en el Celta en 2013, Iker disputó torneos con el conjunto vigués y "vino muchas veces a entrenar de prueba –narra Cuesta–. Y la verdad es que dudamos mucho. Estuvimos hasta el último momento para decidirnos y al final fue Álex Otero el que determinó que nos lo quedásemos".
Haciendo un esfuerzo de memoria, el responsable del primer equipo juvenil celeste rememora sus primeros días con Iker. "Yo entrenaba justo la generación anterior a la suya y cuando llevaba el cadete A, alguna vez ya vino a entrenar. Pero como era un poco vaguete, de vez en cuando lo castigábamos y subíamos a otros. Pero ya con el primer equipo juvenil, lo subimos a finales de la primera vuelta y nos lo quedamos todo el curso. No es nada habitual siendo juvenil de primer año. Pasa una vez o dos en cada generación", reseña.
Desde su posición privilegiada, Cuesta elabora un perfil completo del jugador que sorprendió el pasado sábado ante el Real Madrid. "Es muy potente. Maneja muy bien el cambio de ritmo, sabe cuándo arrancar y cuándo frenar. Es muy fuerte y está muy desarrollado físicamente, lo que en edad juvenil se nota mucho. Además, es muy trabajador defensivamente. Era nuestro mejor defensor de medio campo hacia delante. Se mueve muy bien entre líneas, si cae a banda tiene buen uno contra uno y, sobre todo, es muy vertical. Enseguida encara la portería rival", apunta. Es en este punto, donde el técnico de la base celeste desvela uno de las cuestiones a mejorar por el todavía aprendiz de futbolista: "Pese a lo que pasó en Balaídos, todavía tiene que mejorar la definición. Y eso que fue el máximo goleador del equipo el pasado año". 
En cuanto a actitud y recursos mentales, Cuesta aclara que ese punto de vagancia de su tierna juventud ya ha quedado muy atrás. Es ahí donde aparece Claudio Giráldez, "que lo tuvo en cadetes y es quien realmente tiene el mérito. Le cambió la cabeza". Con todo, como todavía tiene 18 años, el entrenador de los juveniles desvela otro punto a trabajar: "Tiene que mejorar cómo afronta la situación cuando las cosas le salen mal. Se desespera y a veces se va de los partidos. Debe aprender a superar esas dificultades durante los encuentros".
Fuera del campo, Iker es "un chaval serio. Acabó bachillerato y aprobó selectividad. Además, tiene unos padres muy normales que se preocupan de que estudie y que han colaborado mucho con los técnicos cuando surgía cualquier problema". En este sentido, desvela mucho un pequeño detalle: "Aun estos días, estando con el primer equipo, cuando me cruzo con él o con Lauti me dicen que estarían encantados de jugar con los juveniles, que si en el filial no los ponen, que se bajan sin problemas".

Los primeros pasos en Catoira
La forja de Iker Losada ya queda relatada. Pero antes de todo eso vino la cocción, de la que se ocuparon en el Catoira. Y dentro del club de su localidad de nacimiento, quien lo llevó de la mano como entrenador fue Carlos Padín, mítico futbolista que pasó por la cantera del Deportivo, llegó a debutar con el primer equipo herculino y que todavía sigue en activo a sus 44 años tras dejar el sello de su gran calidad en clubes como Racing de Ferrol, Ourense y, sobre todo, Pontevedra.
Hace una década, se ocupa de los alevines del Catoira y se topó con Losada. "Mirábase que era diferente. A ese tipo de xogadores nótaselles. Ademáis, non era nada egoísta e iso foi o que máis me impactou. Pola súa calidade e a esas idades, podía marcar 60 o 70 goles, pero non era egoísta", resalta.
Cuando se le pregunta por las bondades sobre el terreno de juego de su expupilo, apunta que "para min é un nove en todo o futbolístico e como persoa é un dez. Falamos aínda de cando en vez e ten a cabeza ben amueblada. De feito, un detalle que o define é que me chamou cando debutou coa selección. É un rapaz que sabe de onde ven, onde está e onde quere ir".
Pese a su pasado deportivista, obviamente a Padín le alegró que Iker acabase en la cantera de un club como el Celta. "Pareceume perfecto que fose a Vigo. Temos alí outro xogador como Manu e no Deportivo está meu fillo. Ó Catoira gústalle que marchen a esas canteiras e ogallá viñesen o Madrid ou o Barcelona por algún xogador. É un orgullo miralos agora aí", reconoce.
Ahora, cuando los ecos del primer gol de Losada en la élite todavía no se han apagado, Carlos Padín aboga por que no haya sido flor de un día. Desde su experiencia propia en el Deportivo –jugó dos partidos en la campaña 97/98, uno de ellos como titular–, expone que lo fundamental en que los técnicos en Vigo apuesten realmente por él. "Xa chegou onde non chega moita xente. É certo que custa manterse, pero tamén moito chegar. Agora teñen que darlle confianza. Amosou que pode estar aí, así que ogallá non lle corten as ás e lle sigan dando oportunidades", concluye Padín. Iker pondrá, seguro, de su parte. Por calidad y por convicción. El sábado, durante medio segundo, hizo ademán de celebrar con algarabía su gol. Pero enseguida se dio cuenta de que no era el momento. Habrá más ocasiones.n