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El evangelio según Mateo

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El evangelio según Mateo

Mateo posa sobre el césped artificial del Baltasar Pujales, donde realizó el entrenamiento de ayer el Coruxo.
photo_cameraMateo posa sobre el césped artificial del Baltasar Pujales, donde realizó el entrenamiento de ayer el Coruxo.
El mediapunta del Coruxo, que vio portería el pasado domingo, atraviesa una segunda juventud
Los caminos del fútbol son inescrutables. También para Mateo Míguez (Redondela, 1987). Lo fueron en su viejo testamento, como canterano del Celta, con el que debutó de la mano de Eusebio. Lo son en su nuevo, en el que redacta su evangelio futbolístico con 32 años con la misma calidad de siempre y con el vigor de una segunda juventud que, como la camiseta del Coruxo, reverdece en su bota izquierda. "Mientras me divierta, seguiré jugando. Estar dentro del campo es más bonito que cualquier cosa", confiesa el redondelano, autor del primer gol de los suyos en el campo del Inter el pasado domingo, antes proclamar su sentimiento: "Me estoy divirtiendo mucho".
Mateo es feliz en el campo. Se nota. Su nivel esta temporada es espectacular. Solo se ha perdido tres partidos, el nivel colectivo es alto y tiene continuidad. Si no hay lesiones, el resto viene solo. Porque esas molestas compañeras de viaje han lastrado la carrera del mediapunta redondelano:"Jugar sin ningún problema hace que cojas ritmo. Que te sientas mejor. Otras temporadas tuve problemas para enganchar diez o quince partidos seguidos". Así es. Porque si en algo coincide todo el mundo, es que Mateo debió haber jugado muchos más partidos que siete en Segunda División. E incluso más arriba. "Al final, cada uno juega donde merece", comenta con humildad. Pero lesiones de todo tipo han impedido que el potencial del futbolista del Coruxo se desatase por completo."Queda la espina clavada de no poder jugar en momentos importantes", explica con un punto de melancolía. Y es que en la temporada 2012/13, una lesión de tobillo le dejó sin poder ayudar a la Ponferradina en su periplo en Segunda División. Luego una recaída y otra grave en el cuádriceps. Todo mal. Mateo solo pudo jugar los últimos cuatro partidos del curso. 
Allí terminó la trayectoria de Mateo en la categoría de plata. Un camino que empezó de celeste junto a Eusebio, que le hizo debutar. Formó parte de aquella milagrosa generación de canteranos junto a Iago Aspas, Hugo Mallo, Sergio, Yoel, Roberto Lago... "El club tiró de la cantera y Eusebio fue importante porque apostaba", recuerda, al tiempo que muestra su alegría por el éxito del fenómeno moañés. "   Me alegro mucho por Iago. Coincidimos 15 años en el mismo equipo, tiene un talento especial y me alegra que ese tipo de jugador llegue", proclama.
Pero si un camino está cortado, hay que coger otro. Mateo eligió los suyos. Estuvo en Guadalajara antes de recalar en el Coruxo en 2013. Desde entonces ha vestido de verde, con la excepción de su experiencia finlandesa, donde formó parte de la colonia redondelana del PK 35 Vantaa junto a Pablo Couñago -"una referencia"-, Carlos Caloi -"mi mejor amigo"- y Yerai. "Fue una experiencia enriquecedora, de las mejores de mi vida. Sales de tu zona de confort, vives otra cultura, otro idioma", expresa Míguez, que si bien ahora lo ve "más difícil", al regresar estaba abierto a repetir vivencias fuera. "Aprendes muchísimo", apunta.
De nuevo, los designios del fútbol tenían otros planes. El pasado domingo, Mateo cumplió 131 partidos con la camiseta del Coruxo en un triunfo ante el Inter (0-2) que le mete sexto, a tres puntos del play-off. "Estamos en el mejor momento de la temporada", destaca el de Redondela, que abrió el marcador. "Tenemos jugadores para tener la pelota y el Mister venía con la idea de transitar más. Ha habido una adaptación mutua y hemos encontrado el equilibrio perfecto", desvela.
Y ahí está la clave del fútbol de Mateo. El entendimiento del juego es el pilar fundamental de su evangelio. Comprender por qué suceden las cosas dentro del terreno de juego. Adaptarse al contexto. Saber el qué, el cómo y el cuándo para cada situación. "Lo más importante es ser inteligente, entender qué pide cada entrenador y dárselo", resume.
En ese sentido, el jugador redondelano reivindica el fútbol de la calle, el juego en el que además de a los contrarios, tienes que sortear un árbol o una farola y en el que, si no hay porterías, las improvisas con un par de mochilas o estableces como gol meter la pelota por debajo de un banco. Improvisación. "Ahora están más en academias y hay gente que solo sabe jugar de una determinada forma", explica el de Redondela, que lo ejemplifica con el Celta: "Durante todas las etapas formativas están acostumbrados a ganar siempre y luego llegan a Segunda B y les cuesta. Se compite de otra forma".
Porque más allá de su talento o de su calidad, Mateo es, sobre todo, un futbolista competitivo. "A veces tenemos broncas entrenando -luego se me pasan- porque no comprendo que un jugador joven no quiera trabajar siempre al 100% y ser el mejor en cada tarea", explica el 21 del Coruxo. "Aunque tengas toda la carrera por delante no te puedes permitir perder días. La única forma de mostrarle al entrenador que mereces una oportunidad es entrenando al máximo a diario. Y ahí sí que la gente joven falla un poco", añade.
En mayo cumplirá 33 años, pero la pasión de Mateo reluce con fuerza. "Siempre fui muy futbolero. Me enganché por mi padre y por mi hermano", reconoce el redondelano, que ve una cantidad ingente de partidos "de todas las categorías" y consume todo el deporte que puede. "Me apasiona. Además aprendes muchísimo viendo otras disciplinas", añade un Mateo que, en plena segunda juventud, quiere "seguir jugando todo lo posible" antes de pensar en su futuro. "Tengo los tres niveles de entrenador y me gustaría", concluye el evangelista redondelano, al que todavía le quedan muchas líneas por escribir. n

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