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GUILLERMO TOUZA. PRESIDENTE DEL CLUB VIGO VOLEIBOL, QUE CUMPLE 50 AÑOS.

"Echo de menos empresas serias y decididas a apostar por el deporte"

Hace 50 años, el Club Vigo Voleibol empezó a dar sus primeros pasos en el seno del Colegio Maristas El Pilar. Es el más antiguo de los equipos de la Superliga española y, hace dos décadas, era uno de los equipos más importantes a nivel estatal.
El presidente del Club Vigo Voleibol posa delante del Colegio Maristas El Pilar, donde nació la entidad hace 50 años.
El presidente del Club Vigo Voleibol posa delante del Colegio Maristas El Pilar, donde nació la entidad hace 50 años.
"Echo de menos empresas serias y decididas a apostar por el deporte"

El club dependió históricamente de los acuerdos de patrocinio, que en la ciudad son escasos e irregulares, por lo que a lo largo de sus cincuenta años de existencia ha vivido constantes altibajos. Guillermo Touza Rodríguez (Ribadavia, 13 de noviembre 1949) preside esta entidad casi desde que nació y ha vivido tanto sus mejores momentos como los peores, con una única constante: la máxima dedicación para hacer del Club Vigo uno de los grandes de este deporte.

¿Cuándo y cómo llegó al Club Vigo?
El año que viene hará 50 años que estoy en el club. Yo terminé la carrera de Educación Física en Madrid, volví a Vigo y empecé a trabajar en Maristas. Una vez llegué allí, había unas personas que se estaban dedicando al mundo del voleibol: Luis Miró, que lo estaba introduciendo, el hermano Miguel, que lo estaba fomentando y Floriano Fernández, que lo estaba trabajando, mayoritariamente con alumnos del colegio. Yo empecé siendo jugador, seguí como entrenador y casi desde el principio fui presidente, porque el colegio no podía afrontar los gastos de un equipo en la máxima categoría.

¿Cuándo asumió la presidencia del club y qué supuso para usted?
En ese mismo momento –el Club Vigo ascendió en 1971. El colegio no podía asumir los gastos de un equipo de Superliga y nos buscamos la vida en otra parte, siempre relacionados con el colegio. Hicimos unos estatutos, nombramos una junta directiva y empecé a ser presidente. A partir de ahí comenzamos a buscar empresas que nos patrocinaran, que eran viguesas. Algunas duraban más, otras menos. Con Riego vino una época de éxitos económicos y deportivos. Nos patrocinó por cuatro años, que fueron de una solvencia económica grande y también deportiva.

¿Cómo fue esa primera época de éxitos deportivos con Riego?
Fue una buena época, de una gran alegría por parte de todo el mundo. Gracias a ello podíamos hacer desplazamientos cómodos. Hasta entonces sólo a las islas nos desplazábamos en avión, ahora podíamos ir también a Barcelona o Madrid. La relación con Riego, al que siempre le estuvimos agradecidos, terminó y viene una época negativa. Renunciamos a la máxima categoría y partimos de cero. Pero como este siempre fue un club de mucha cantera, fuimos para arriba automáticamente. Aunque tardamos ocho o nueve años, volvimos a la máxima categoría de la mano de Construcciones Foque. Duró dos años y volvimos a renunciar. Lo mismo, con Caixa Galicia. Hasta que en el año 92 volvimos a ascender y encontramos un patrocinador importante.

¿Cuál fue la clave del temprano éxito del club?
El trabajo y la dedicación de toda la gente: jugadores, entrenadores y directivos. Todo el mundo nos dedicamos en cuerpo y alma. Sin esta dedicación no podríamos estar arriba con gente de la cantera. En las primeras épocas sólo había seis equipos en Superliga: Real Madrid, Atlético de Madrid, Bomberos de Barcelona, Hispanos-Franceses de Barcelona, Universidad de Valladolid y nosotros. Entre los mejores seis equipos españoles estábamos nosotros, tuvo mucho mérito todo lo que se hizo en aquel momento desde un colegio.

La falta de patrocinios fue lo que llevó al equipo para abajo en los ochenta.
Fundamentalmente, sí. No había medios económicos, en esta década ya había 10 equipos en la máxima categoría y había que viajar a las islas. Las aerolíneas no tenían tarifas baratas. Todos los equipos de los deportes minoritarios estamos muy supeditados y somos muy dependientes de los medios económicos de los que disponemos. Pero aquí, como hay mucha cantera, trayendo dos jugadores de fuera subes muchísimo el nivel del equipo.

La clave fue el trabajo de cantera, entonces.
Sí. Y lo sigue siendo. El jugador más viejo del equipo va a hacer 24 años ahora mismo.

En los 90 el equipo llega a jugar competiciones continentales de la mano de Larsa. ¿Cómo se vivió esta época con un patrocinador estable?
Fueron cuatro años maravillosos, de una tranquilidad enorme, viendo que el trabajo cundía. Teníamos a diez jugadores de Vigo más dos jugadores extranjeros, buenísimos: Krimo Bernaoui, que lo vimos en Barcelona 1992 representando a Argelia, y a Javier Gaspar, un puertorriqueño. Esos dos jugadores nos ayudaron muchísimo y subieron el nivel del club un montón. El equipo quedaba cuarto, jugaba las semifinales de la copa del rey y se clasificó los cuatro años para jugar competición europea. Que un club vigués pudiese representar a la ciudad en Europa es un orgullo. Además, en aquellos momentos la competición europea era sorteo puro y duro. Jugamos en Rusia, Grecia, Italia, Yugoslavia... Decíamos "dónde están los equipos portugueses, que no nos toca ninguno", pero como había medios, podíamos permitírnoslo. Fueron los mejores años del club.

En esa época debieron pasar jugadores internacionales, tanto extranjeros como españoles por el Vigo.
Teníamos a Bernaoui y Gaspar y a los hermanos De La Fuente. Cuatro internacionales en un equipo de seis daban un nivel muy importante. Teníamos que luchar contra equipos cuya economía era superior a la nuestra, pero que tuviesen la filosofía que tenemos nosotros de trabajar la cantera, ninguno.

¿Cómo se llegó a perder el patrocinio de Larsa?
Se perdió porque Larsa se vendió a Corporación Peña Santa, los dueños de Central Lechera Asturiana. Ellos no contemplaban la posibilidad de seguir patrocinando un equipo en Galicia. Decían que no patrocinaban a nadie, pero tenían un equipo ciclista llamado CLAS que era muy bueno. Es una pena. 

En 2011 perdió su último patrocinador y decidió salir a competir a Superliga sin sponsor. ¿Fue riesgo excesivo?
Gordísimo. Sabíamos a lo que nos exponíamos y las consecuencias que eso podía tener de cara a no poder conseguir el patrocinio para afrontar la competición. Como consecuencia de esto, lo que hicimos fue un 'descenso artificial'. Hablamos con todos los jugadores y técnicos y les dijimos que íbamos a seguir pero sólo con los jugadores de Vigo. A partir de ahí, ya en 2014, empieza a fraguarse una nueva generación de jugadores vigueses importante, que fueron subcampeones juveniles de España y el futuro que le veíamos era que con estos jugadores y entrenadores, que cobran nada, empezamos a equilibrar gastos e ingresos para, en algún momento, intentar tirar para arriba con un par de fichajes de nivel, como en épocas anteriores.

¿Cómo se gestiona un club de estas dimensiones sin patrocinio alguno?
Cuando llegamos a este acuerdo con la plantilla, nos quedamos hipotecados porque teníamos que pagar a los profesionales que habían rescindido contrato. Las deudas las fuimos asumiendo en base a que los nuevos jugadores y entrenadores no cobraban. Ahora mismo, estamos con unos presupuestos equilibrados en los que los gastos son iguales a los ingresos.

¿Echa de menos alguna ayuda institucional?
No. Las ayudas institucionales son las que son, y estamos adaptados a ello. Yo echo de menos que una ciudad tan industrial e importante como Vigo no tenga empresas lo suficientemente serias o decididas a apostar por el deporte, por el nuestro y por cualquier otro. Si nosotros pasamos estas penalidades, me imagino que el resto de clubs vigueses también lo harán. Hay ciudades más pequeñas que Vigo que tienen los apoyos necesarios para estar arriba en la máxima categoría. Pero aquí también hay un montón de deportes, a los que las instituciones tienen que proteger. Sin embargo, con el número de empresas importantes que hay en la ciudad... El patrocinio no deja de ser una reinversión de la propia compañía en imagen, de cara al producto que está fabricando. Pero los empresarios deciden.

Usted, junto a Pablo Beiro, Paco Araújo y Javier Rodríguez, es uno de los cuatro presidentes históricos de clubes vigueses. Y es el único que sigue activo. ¿Qué significa para usted esto?
El mérito es del trabajo de todos los que están conmigo. El club no es personalista, y no me gustaría que la gente pensara así. Nosotros tenemos una junta directiva que decide y alrededor hay un grupo de personas que ayudan y colaboran y a las que escuchamos. Hay muchos entrenadores y escuelas deportivas echando una mano a cambio de nada. Tienen una gran vinculación con el club. A mí me gustaría que hubiese mucha más gente y que muchos exjugadores viniesen a ayudar al club, pero nosotros no somos dueños de las decisiones de los demás.n