Celta y Zaragoza debutaron en Primera enfrentándose en campo aragonés hace 73 años

Cuando besamos el cielo

El goleador Nolete
El 3 de diciembre de 1939, recién terminada la guerra civil, el campo zaragozano de Torrero –La Romareda no se abriría hasta más de una década después– acogió un partido histórico para dos incipientes clubes, el Real Zaragoza y el Real Club Celta de Vigo. Aquel día, los dos debutaron en la Primera División, privilegio que se habían ganado tres años antes, justo antes del estallido militar, al ocupar las dos primeras plazas de la promoción de ascenso, con los célticos por delante.

El próximo lunes, casi 73 años después, esos dos mismos equipos volverán a verse las caras en la máxima categoría, por trigésimo cuarta ocasión en territorio aragonés. Y el equipo vigués tratará de tener más fortuna que en aquel histórico primer lance, en el que los maños se impusieron por un ajustado marcador de 3-2.

El Celta formó con Márquez, Rivas, Varela, Emilio, Alvarito, Pirelo, Venancio, Cons, Edelmiro II, Toro y Nolete. Este último fue, de hecho, el autor de los dos tantos celestes (mins. 71 y 78), cuando el Zaragoza ya tenía una renta de tres goles merced a la puntería de Antón (m.7), Bilbao (m.41) y Doro (m.54).

Aquel Celta sufrió para mantenerse en la categoría –acabó décimo, justo al borde del descenso–, pero llegó a la élite para quedarse, ya que en los siguientes 20 años únicamente pasó por la Segunda División una temporada, la 44/45. Por su parte, el Zaragoza se mantuvo con más holgura esa temporada –acabó séptimo–, aunque después le costaría enlazar varias campañas en la máxima categoría, extremo que no conseguiría hasta los años setenta del pasado siglo.

En aquel primer once del Celta en Primera División había futbolistas que marcaron una época en el conjunto vigués, como es el caso de Venancio –el primer gran capitán del club celeste–, Cons o Nolete –segundo máximo goleador de la historia del club (sólo superado por Hermidita) con una excepcional marca de 96 goles en 113 partidos–. En el banquillo estaba el vigués Ricardo Comesaña, que en el 36 había sido el artífice del ascenso y que únicamente entrenó al Celta esas dos campañas.n

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