El equipo de Eusebio fue incapaz de sumar ante el colista Castellón, que jugó casi toda la segunda parte con nueve

Un Celta patético cae ante el colista, que jugó con nueve

Cellerino y Vasco disputan un balón a jugadores del Castellón. Foto: s.e.
El Celta se fue derrotado ayer del campo del colista, el Castellón. Y lo hizo, además, perdiendo ante un rival que estuvo con nueve jugadores sobre el campo durante casi toda la segunda parte. Los locales, que estrenaban entrenador –Asier Garitano sustituyó días atrás al destituido 'Tintín' Márquez–, lograron tres puntos con los que consiguen prolongar su esperanza de permanencia, mientras que el Celta dio un nuevo paso atrás después de caer en casa ante el Real Unión y sigue sin conseguir distanciarse de la zona peligrosa de la clasificación.
Los pupilos de Eusebio Sacristán, con las bajas de tres titulares como Trashorras, Falcón y Catalá, perdieron una nueva oportunidad para ubicarse en una zona más tranquila de la tabla y bajaron hasta la décimo quinta plaza, a cuatro puntos de los puestos de descenso. Pese a todo, empezó dominando el Celta, aprovechando los errores en defensa de un Castellón con excesivos nervios, y la primera ocasión no tardó en llegar. En un balón enviado a la espalda de la zaga albinegra, Dani Abalo corrió hacia la portería y en la frontal del área, lanzó excesivamente cruzado. No obstante, la réplica llegaría sólo dos minutos después, con un trallazo que Yoel, en su segundo partido en Liga con el Celta, desvió a córner en una acción providencial. El espectáculo estaba servido y Papadopoulos tuvo una nueva oportunidad, pero erró ante Lledó. Tanto perdonó el conjunto celeste que, como no podía ser de otra manera, llegó el gol del Castellón, un auténtico jarro de agua fría para los hombres de Eusebio Sacristán. Por si fuera poco, el tanto que abrió el marcador no estuvo exento de polémica. Tras unas manos en la frontal de Jonathan Vila, Rafita sacó una falta que se coló por debajo de la barrera, Yoel intentó rectificar tocándola pero no lo suficiente para que al final, con muchísimo suspense, el esférico cruzara la línea y entrara llorando. En cualquier caso, no se desmoronó el equipo celeste, que buscó empatar rápido, sobre todo explotando las facultades de Dani Abalo por la derecha. El arousano casi siempre superaba a su par. Primero, generó dos ocasiones para el omnipresente Papadopoulos y luego fue el artífice de la mejor oportunidad de los vigueses en la primera parte. Ésta vino por la izquierda. Tras una buena triangulación, Roberto Lago llegó dentro del área a la línea de fondo y dio un pase de la muerte para el ex albinegro Aritz López Garai, que con Lledó casi en el suelo lanzó tan flojo que el portero detuvo el balón sin ningún problema. El control de la posesión era claro de los celestes y las ocasiones también, pero les faltaba la efectividad que sí tuvo el Castellón. De este modo, llegó el segundo tanto local en el segundo remate de los locales en toda la primera parte. Palanca se marchó de Roberto Lago, centró al segundo palo y cuando parecía que el balón había salido por la línea de fondo, apareció Ulloa prácticamente solo en el segundo palo para cabecear suavemente y certificar el segundo gol del colista de la categoría. La situación se complicaba sobremanera para un Celta que volvió a dar muestras de su poca pegada. Y es que las ocasiones habían sido para los celestes, pero los goles se reflejaban en el marcador local.

Primera expulsión

A falta de cinco minutos para el final de la primera parte, se produjo una acción afortunada en la tarde aciaga de los de Eusebio, ya que fue expulsado Mantecón al ver su segunda tarjeta amarilla después de provocar un libre indirecto que Cellerino no llegó a transformar, estrellando el balón en la barrera. El entrenador de La Seca no realizó ningún cambio al descanso, pensando quizás que tenía por delante toda una segunda parte en superioridad numérica. La consigna estaba clara: tocar, tocar y tocar para llegar por banda ensanchando el campo y crear más nervios a una defensa albinegra que por momentos parecía un flan, a pesar de tener dos goles de ventaja en el electrónico. Al inicio del segundo periodo, se produjeron dos buenas noticias para el Celta. Por un lado, la expulsión de Baigorri, tras la cual los locales se quedaban con nueve jugadores. Por delante, más de media hora para recortar distancias. Además, en el minuto 23, el recién incorporado Michu conseguía enviar el balón al fondo de las mallas, merced a un gran pase de Dani Abalo, que había llegado hasta la cocina antes de servir un balón que el asturiano, en el segundo palo, sólo tuvo que empujar a la red. El partido se ponía franco para el Celta, que a poco que jugara con cierto criterio podía lograr el empate frente a un rival bajo mínimos y que acusaba el esfuerzo físico realizado. Se estaba cumpliendo el mapa de ruta que Eusebio había trazado en el descanso y sólo cabía seguir encerrando al Castellón, que no salía de su propio campo, y conseguir finalizar alguna jugada en gol. Iago Aspas, sustituto ayer de Trashorras, dispuso de una buena ocasión con un lanzamiento escorado de falta que se estrelló en el larguero. Los minutos corrían y no había manera de perforar la portería del conjunto albinegro, que se defendió como gato panza arriba. Así las cosas, el Celta terminó siendo víctima de su propia impotencia ante un equipo que puso el cerrojo y que le impidió llevarse algún punto con el que aliviar su preocupante presente. Y el futuro se intuye peor.

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