ÁNGELA BECERRA, AUTORA DE “ALGÚN DÍA, HOY”, PREMIO FERNANDO LARA 2019

“En el socialismo criollo hubo muchas voces femeninas que fueron silenciadas porque el poder político y social lo tienen los hombres”

Ángela Becerra (Cali, 1957) viajó esta semana a Galicia para presentar su última novela, “Algún día, hoy”, que le valió el premio Fernando Lara 2009.

Ángela Becerra
Ángela Becerra
“En el socialismo criollo hubo muchas voces femeninas que fueron silenciadas porque el poder político y social lo tienen los hombres”

Desde 1998 que se trasladó a Barcelona y decidió dedicarse a la literatura acumula en su haber distinciones de las más prestigiosas de las letras en español como Latin Literary Award 2004, 2006 y 2207; Premio Azorín 2005 o el Premio Americano de Narrativa Planeta Casamérica. En esta ocasión llega con una historia basada en hechos reales, en la vida de una compatriota, Betsabé Espinal.

En su novela reivindica a Betsabé como un personaje clave en el transcurso de la historia, ¿cómo da con ella?
La novela surge de un documental que presentaban en la televisión colombiana de madrugada. Me quedé con el  nombre y con el hecho de que fuese la primera mujer en promover una huelga femenina en Latinoamérica. La investigación me regaló dos fotos de ella, una en su nacimiento y otra el día de su muerte. Las tres semanas de huelga están muy bien documentada y con la novela quiero crear todo lo que la rodeaba a ella.

Además de abordar un siempre complicado triángulo amoroso, hace guiños a una época histórica complicada. ¿Cuál es el equilibrio entre ficción y realidad?
Es un homenaje a la amistad, al amor. Me ayudo de personajes de ficción para crear la trama, pero también incorporó otros personajes históricos que vivieron en ese momento. Fue como meterme en el túnel del tiempo y combinarlos, a veces adelantándolos y otras haciéndolos coincidir. Es un momento clave de la historia, Medellín pasa de estar en penumbra e iluminarse con velas a tener alumbrado público. Esta novela es también un contraste social.

La protagonista es una mujer, ¿cómo era la mujer de esta época?
Su situación era de sumisión absoluta, con independencia de su situación social. El comienzo de la novela ya es muy fuerte, el parto de una mujer campesina, que va a tener a un bastardo, no deseado, que aún encima es una niña. Cae en el barro, la naturaleza y la selva se hacen presentes, es la parte mágica de la vida de Betsabé. Capitolina, de clase alta, también es rechazada por su madre. Las dos recrean la realidad del momento.

Este momento de transformación social es esencial en la novela.
Se están creando nuevos movimientos. El socialismo empezaba a marcar diferencias y surge el socialismo criollo, donde el protagonismo de las mujeres es importante. Hubo muchas voces femeninas silenciadas porque el poder político y social lo tienen los hombres, tuvieron miedo.

Los críticos han comparado la vida de Betsabé con una epopeya griega, donde el personaje no puede escapar a su destino. 
No quiero desvelar nada, pero en la parte que yo construyo está presente el poder de la naturaleza, es el final, pero también es quien la salva. Es una herramienta para expresar las emociones de los personajes.

Es una novela extensa, con un importante trabajo de documentación detrás. ¿Cómo se ha quedado al finalizarla?
Han sido seis años. Me he quedado muy feliz, aunque con una sensación de pérdida. A los personajes les di momentos de mi vida. La madre de Betsabé (Celsa) acaba en un manicomio y allí coincide con un poeta real, que vivió en el mismo lugar durante 32 años, sin conocerse. Yo fui una niña observadora, silenciosa, rodeada por un mundo fantasioso; esos momentos de mi infancia se los regalé a Celsa. A Betsabé le regalé mi rebeldía de adolescente ante un padre machista, que no me trataba como a mis hermanos. La echo de menos, con el tiempo nos hicimos una.