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El museo de Pontevedra recupera la obra de la artista Elena Colmeiro

El Museo de Pontevedra presenta hoy la primera retrospectiva de la artista Elena Colmeiro, renovadora del lenguaje plástico de la escultura y pionera en el arte de la cerámica, a la que incorporó hace ya medio siglo materiales industriales de los desechos de las fábricas.

Imagen de una escultura de la artista
Imagen de una escultura de la artista
El museo de Pontevedra recupera la obra de la artista Elena Colmeiro

Un gran "Árbol", la última y quizá más simbólica obra de Elena Colmeiro (Silleda, Pontevedra, 1932), en el que la artista ha realizado una intervención, recibe al visitante en el museo y cierra una trayectoria de cincuenta años de creación de esculturas con todo tipo de materiales cerámicos y de construcción.

¿Es una vuelta a los orígenes, a las formas puras de la naturaleza, después de tantos años de residencia en Madrid?

"El árbol -responde a Efe Colmeiro- es un elemento noble, honrado, sobra decir su significado en la naturaleza. Mi intervención, en mi estudio, consistió en cortar las ramas que sobraban y quitarle la corteza, pensé en dejar una parte, pero vi que le quitaba fuerza. Y lo pinté de blanco. Sí, es una escultura de la propia naturaleza".

El Museo de Pontevedra recupera con esta exposición, "Elena Colmeiro.Sen título", que ha comisariado la conservadora Beatriz De San Ildefonso, la obra de los años fundamentales de creación de esta artista, la primera que realizó en España esculturas con material cerámico y la primera que utilizó materiales industriales.

Atrevida, intuitiva y creativa, Elena Colmeiro, pertenece a la generación abstracta de los 50 del grupo El Paso y otros artistas que revolucionaron el arte español con la estética informalista y expresionista, en la que ella trabajó desde el primer momento.

La exposición reúne medio centenar de piezas fechadas desde 1967 hasta la actualidad, que muestran su pasión por los cementerios industriales de las fábricas y los materiales de desecho, fragmentados, rotos, dañados, con los que construye sus esculturas.

Materiales refractarios, ladrillos o carburo de silicio de la fábrica Norton, de una dureza extraordinaria, que impone formas aristadas y prismáticas, contrapuestas a las soluciones curvas que encuentra con otros materiales como el gres y que combina con hierro y madera.

Una de las obras más importantes para la artista está ausente de esta exposición, en la que han colaborado con prestamos varias instituciones. Pero ha sido imposible trasladar la escultura que está en el Parlamento de Galicia, de dos metros de altura, en material refractario, fechada en 1990-1991, y que realizó durante una estancia en Holanda, en el European Ceramics Work Centre.

El árbol ya seco lo encontró Elena Colmeiro en la carretera de Vigo a Bayona, en una casita con un pequeño jardín. Puede que la artista, como Miró, haya necesitado toda una vida para descubrir la escultura en la naturaleza de su infancia.

La artista nació en una aldea, en el campo, rodeada de árboles. Cuando salieron para Buenos Aires en 1941, donde su padre, el gran pintor Manuel Colmeiro, tuvo que exiliarse, su hermana Alba escribió algo en unos árboles cercanos a su casa. Cuando regresaron, quince años después, fue a buscar los árboles. Ya no estaban. Quedaba la memoria.

Elena Colmeiro volvió en 1955 a Vigo, en donde se casó con el escultor Jesús Valverde. "Tuve la suerte de que su padre tenía dos fábricas de vidrio, Vidrios La Florida en Vigo, y Romachelar, en Madrid, a donde nos trasladamos a vivir en 1957".

"El tener esos hornos a mi disposición fue decisivo para mi -continúa-, me permitió hacer obras de gran tamaño, trabajar en la misma plataforma del horno y levantar la pieza 1,20 metros de altura, que si no hubiera sido imposible. He sido una privilegiada".

No sabe Elena Colmeiro por qué le encantan las fábricas de materiales de construcción. Pero sí recuerda que quiso estudiar arquitectura. "Hay un mundo ahí que es el que me apasiona. Construir es lo que me más me interesó siempre, más que modelar, encontrar soluciones, corregir las piezas con una radial, hacer cortes con un martillo, con golpes, y así ir construyendo la escultura".

"Tal vez todo mi trabajo -reflexiona- parte del comienzo, cuando tenía quince años y en la Escuela de Cerámica de Buenos Aires por primera vez me senté en un torno para ver si era capaz de hacer un cilindro y descubrí, cuando el profesor cortaba en vertical la pieza para que viéramos las imperfecciones, que dentro de la forma había una obra y fuera había otra".

Elena Colmeiro no ha dejado de investigar y buscar un lenguaje de modernidad. En el Mill College de San Francisco, en el que pasó una temporada con una ayuda de la Fundación March y conoció a uno de los ceramistas que ha sido un referente para ella, Peter Voulkos.

Con el escultor Anthony Caro coincidió en 1975 en Nueva York y quedó impresionada por el aspecto de sus obras y su forma de trabajar la cerámica.

Antes tuvo estancias en Faenza (Italia) y después en Holanda o Polonia, donde investigó en materiales y en formas. Hoy es un referente en la escultura cerámica contemporánea y su obra se ha expuesto en numerosos países, desde San Francisco a Tokio.EFE

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