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ROSARIO RARO, NOVELISTA, PRESENTA EN GALICIA “DESAPARECIDA EN SIBONEY”

“Esta es la historia de dos cuñados, un parentesco que no se estudia mucho en literatura pero que puede dar mucho juego”

Rosario Raro (Castellón, 1971) presentó ayer en Santiago de Compostela su tercera novela “Desaparecida en Siboney”. Después de “Volver a Canfranc” (Planeta, 2015) y “La huella de una carta”, apuesta por la historia de una desaparición en la Cuba colonial de finales del siglo XIX. Profesora de Escritura Creativa en la Universitat Jaume I, compagina la docencia con la escritura.

Rosario Raro presentó su última novela en Galicia.
Rosario Raro presentó su última novela en Galicia.
“Esta es la historia de dos cuñados, un parentesco que no se estudia mucho en literatura pero que puede dar mucho juego”

“Desaparecida en Siboney” aúna el thriller, la novela histórica o el romance. ¿Hay algún género en el que encaje mejor?
No me gusta ponerles a las novelas apellidos. Es una trama sin pretensiones, que quiere reflejar la vida  de 1875 en Santiago de Cuba. Tiene mucha intriga y misterio. No se sabe por qué desaparece Dulce Sargal.

Toda la trama se desarrolla bajo una atmósfera de mestizaje. ¿Es importante mostrar estos elementos?
Es un componente básico de la novela. Además de la innegable huella europea, quería reflejar la influencia africana en las islas que está muy presente porque millones de personas fueron llevadas allí como esclavas.

¿Qué deuda tiene esta novela con su estancia en Perú durante una década?
Los diez años viviendo en Lima me llevó a conocer aspectos que ambos países americanos tienen en común, con su pasado como colonias españolas. Mi experiencia me llevó a mostrar otras perspectivas de los hechos históricos y del propio mestizaje, así me interesó incluir la religión yoruba o la santería como muestra de ese sincretismo de la religión católica, pero también del espiritismo, que aunque nos parezca incríble en el siglo XIX se consideraba ciencia.

A simple vista, la historia recoge a un héroe, Mauricio Sargal, y un villano, Bartolomé Gormaz. ¿Son personajes estereotipos o tienen más aristas de lo que dejan ver?
Los héroes también tienen otras caras. Esta es la historia de dos cuñados, un parentesco que no se estudia mucho en literatura, pero que puede dar mucho juego. Los protagonistas son antagonistas. Ni los buenos son perfectos, ni podemos juzgar a los personajes con los ojos de 2019. La lectura también invita al lector a hacer un ejercicio y meterse en su piel. Es interesante que ahora, en la época de la inmediatez, que la comunicación no tarda, lo que tuvo que suponer para Mauricio recibir la noticia de la desaparición de su hermana un mes antes y tardar en llegar al lugar otro mes más.

Además de los guiños históricos que se aprecian en la novela, la historia en sí esta basada en un hecho real. ¿Cómo entró en contacto con estos hechos?
Eso daría para otra novela. Todo empezó con un documento que me enseñó un anticuario. Era un informe policial de 1875 sobre lo que le había pasado a Dulce Sargal, un personaje que desde la primera página es la gran ausente. La última frase del documento era demoledora, me provocó un escalofrío, ya que da la vuelta a todo lo anterior. Me limité a reproducirlo, en realidad, todo el mérito lo tiene la propia historia. Cuando una trama me atrapa, es como si me quemase en las manos. Tengo que compartirla.

¿Estos hechos podrían haber ocurrido en otra época o son exclusivos de ese momento?
Me interesan los episodios del pasado que no son capítulos cerrados. Me gustan los hechos cuyas consecuencias llegan hasta el presente. La esclavitud es algo muy actual, que sigue existiendo. Según los informes internacionales, en 2018 más de 40 millones de personas fueron tratados como esclavos.
¿Cómo se queda uno después de finalizar una novela tan intensa como “Desaparecida en Siboney”?
Es como un parto. Me gusta comparar el proceso creativo con una gestación. Cuando surge la idea corresponde con el embrión, luego hay que cuidar su desarrollo para que no se malogre. El lector me merece mucho respeto, porque cada vez que escoge una lectura está dándonos lo más valioso que tiene, su tiempo. Por eso hay tanto trabajo detrás. El valor de la literatura está en el valor de los detalles, en los ajustes que le dan credibilidad a la obra. Quiero que el lector se sienta dentro de la trama.

Ha comenzado los encuentros con sus lectores, ¿qué tal está siendo acogida su nueva propuesta literaria?
Estoy muy contenta con la reacción que están teniendo. Yo tengo lectores muy fieles, que estaban esperando esta novela con los brazos abiertos. Me gusta tener contacto directo a través de las redes