Lo divino y lo humano

Sobrenaturalmente hablando, sin Dios y sin su madre, la vida no tiene sentido.
Los animales no tienen esa necesidad, en este sentido las personas que se apartan de Dios, viven vida animal, porque no tienen ese referente, pues somos semejantes a El, menos en el pecado, como Dios perfecto y hombre perfecto. Por eso somos humanos y divinos, dos valores que se complementan. Si le damos a nuestra vida esas dos dimensiones haremos felices a los demás. Me decía uno de mis nietos, que está estudiando en el extranjero: ‘Estoy conociendo a mucha gente’ y no me parece mal, pero pienso de lo que se trata, es de tratar a la gente, no basta con conocerlas, entre otras cosas hay que tratarlas. Como decía San José María, hablando del apostolado que tenía que ser de amistad y confidencia. La amistad viene como consecuencia del trato, condición previa para hablar de las cosas íntimas con plena confianza, que sean felices; de esta manera podrán ayudarse mutuamente y crecer en santidad y convertirse en sembradores de paz y de alegría, que de eso se trata. Y para que esto sea posible, no es necesario cambiar de profesión, de destino, de lugar, de familia, allí donde estemos podemos y debemos conseguirlo, sólo hace falta querer, porque los medios están al alcance de todos, la oración y la gracia de Dios. Tratándolo, para conocerlo y hacer su voluntad, según nuestras capacidades, ése es el secreto.

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