Dignidad

La defensa de la dignidad de los hijos de Dios coincide con la defensa de la dignidad de los ciudadanos. La única diferencia, que no es tal, es que la primera afirmación es de la sociedad cristiana y la segunda de la sociedad laica. Pero el objetivo es el mismo. Y ahí radica la esencia de la democracia y el valor universal de la defensa de los derechos humanos. Esa confluencia es la garantía del descubrimiento de la esencia de la existencia del ser humano sobre el planeta con la conciencia ecológica incluida.
¿A qué viene todo esto? A que tanto derechas como izquierdas, laicos como no laicos, creemos en esa defensa de la dignidad humana. Si ese valor tan profundo nos une en la teoría, también debería unirnos en la práctica. Y en la práctica, la dignidad de la persona exige la libertad de expresión para todos los seres humanos, incluida la reina, la sepultura digna de nuestros seres queridos, sacándolos de las cunetas y de las fosas comunes, el respeto a los valores democráticos que defienden la convivencia en paz y progreso de nuestra España plural, etc. ¡Y tantos otros derechos, a veces motivo inútil de enfrentamiento! Cuando la madurez democrática logre otros niveles, la paz, la convivencia, el respeto, la tolerancia cívica, serán nuestros mejores medios de defensa de una sociedad libre en paz y progreso. Mientras tanto continuamos con nuestro proceso de aprendizaje, pues el retraso viene desde el ostracismo de Felipe II. Tantos siglos de espaldas a tantas cosas que acontecían en Europa, nos han dejado a cien años luz en muchos aspectos, incluso la normalidad se había extinguido por las presiones absolutistas, y dictatoriales en una sociedad oscurantista. Pero hoy con la apertura democrática durante estos últimos treinta años y con ese lento avanzar de las propias iniciativas que exige el Concilio Vaticano II, gracias a aquel gran Papa humanista, Juan XXIII, las sociedades occidentales caminan hacia la globalización basada en valores comunes universales cuyo eje es la defensa de esa dignidad. Una dignidad que nos exige respeto al otro, libertad con educación, variedad, diversidad y multiculturalismo como valores que nos enriquecen y complementan a todos porque todos tenemos algo que aportar, porque todos tenemos parte de la verdad, porque nadie es superior a nadie, porque el planeta es de todos y para todos. Por eso en esta nueva etapa de la concienciación ecológica que nos exige la alternativa de o cuidamos el planeta o perecemos todos, las sociedades se han hecho eco, y cada vez más, de la grave y urgente necesidad de ponerse manos a la obra y luchar por cuidar, proteger y regenerar nuestro propio habitat. Esa es la confluencia de las mentalidades, de las ideologías, del sentido común que se une en esa defensa urgente de la dignidad de todos los seres humanos.

Te puede interesar
Más en Cartas al director