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VAL MIÑOR

O Murxido, un viaje al pasado a 6 kilómetros de Gondomar

El núcleo, habitado por 11 vecinos, subsiste casi sin cobertura de telefonía ni de internet
Isaac y Jose Manuel Rodríguez mientras cortaban leña junto a Felipe García Lemos y Judith, ayer en Murxido.
Isaac y Jose Manuel Rodríguez mientras cortaban leña junto a Felipe García Lemos y Judith, ayer en Murxido.
O Murxido, un viaje al pasado a 6 kilómetros de Gondomar

nnn A menos de seis kilómetros del centro urbano de Gondomar existe un pequeño núcleo rural que a duras penas aguanta ajeno al progreso. Allí las nuevas tecnologías son consideradas por la mayoría como un "bicho raro" mientras que el musgo y el verdín le ganan terreno al asfalto. Los quitamiedos de su principal acceso asoman entre la vegetación que poco a poco gana terreno a la acción del hombre con una naturaleza que reclama lo que es suyo. 
Se trata de un núcleo conocido como lugar de O Murxido en Morgadáns, a dos kilómetros de Prado y que en la actualidad  cuenta con tan sólo once vecinos de los cuales dos son niños. Sus habitantes, pese a que llevan una vida muy tradicional, admiten que el aislamiento que sufren comienza a ser un problema y si la tendencia continúa en esa dirección temen que su aldea en un futuro desaparezca. De hecho no hace demasiados años los vecinos anunciaron la llegada de una mujer llamada Teresa y natural de Cataluña, que finalmente tuvo que renunciar a su gran ilusión de vivir fuera de la gran urbe por los hándicaps derivados de carecer de muchas de las comodidades y servicios propios del siglo XXI. 
Sin embargo la pequeña aldea compuesta por menos de una decena de casas cuenta con un nuevo propietario, Felipe García Lemos.  Guardia Civil de profesión con 36 años de edad nada contra corriente y acaba de adquirir una vivienda de 160 metros cuadrados con la intención de restaurarla. Aunque es residente en Gondomar  confiesa que le gustaría mudarse en un futuro a O Murxido. 
El joven gondomareño se define como un amante de la tranquilidad y ve en el núcleo gondomareño una salida al estrés provocado por el día a día. “Por ahora la iré arreglando poco a poco y a largo plazo no descarto mudarme o por lo menos disponer de esta casa para pasar los fines de semana”, explicó. 
La visión idealizada de la tranquilidad transmitida por Felipe difiere sensiblemente de Jose Manuel Rodríguez, de 40 años, que reside aquí de manera permanente y es padre de los dos únicos niños de la zona. 

 atención nula del Concello
Rodríguez trabaja en una empresa que fabrica discos de corte e hilo diamantado para piedra y explicó a Atlántico que la Administración los tiene completamente olvidados. “La mayoría de los operadores de telefonía no funcionan y la televisión tiene que ser por satélite sí o sí”, manifestó. Lamenta que desde el Concello no les presten atención. “No mantienen las carreteras, cuando hay riadas tenemos que buscarnos la vida para limpiar la calzada y mi tío se encarga de desbrozar para que la maleza no la invada por completo”, aseguró.  Pese a que es nativo de O Murxido admitió que como las cosas no cambien tendrá que acabar tomando la decisión de marcharse “sobre todo por mis hijos”.Lo único que le mantiene es su amor por la zona. “Cuando yo nací vivíamos ocho niños y doce adolescentes pero todos acabaron yéndose”, afirmó. Como el resto de residentes de una auténtica burbuja en el tiempo aguantan  a escasos seis kilómetros del centro de Gondomar con la esperanza de que el Concello dé un paso. n