La socialización de Podemos

La socialización de Podemos

Todos los acontecimientos siguen el curso normal de la lógica. Esto diría el cronista aficionado a ver predeterminación en los avatares de la vida pública. Y quizás no errara porque si nos ajustamos el cinturón y viajamos en el tiempo no tardaremos en darnos cuenta de que los ciclos, ya sean políticos, ideológicos, religiosos, económicos…, tienden a la obstinación para parecerse entre sí con las escasas diferencias que lo hacen las gotas de agua. 
La entrada de Podemos en el gobierno de Castilla-La Mancha, noticia que retumba en los oídos estos días, hay que encuadrarla en el proceso de la lógica contra la que se levantaron las huestes de Pablo Iglesias. Las mismas que pusieron al pie de los caballos a Iñigo Errejón y a los suyos dentro de las turbulencias del partido regenerador, que no lo fue, no lo está siendo, ni lo será.
Emiliano García-Paje, máximo representante del PSOE en la comunidad castellano-manchega, se ha visto obligado a maniobrar para mantener el poder. Después de ser paladín contra un Gobierno de Pedro Sánchez apoyado por la abstención o el voto de Podemos, ahora los acontecimientos le imponen el cilicio de abrirles las puertas y sentarlos a su mesa. 
Pero no menos sufrimiento le infringe la historia a José García Molina, secretario general de Podemos en el territorio manchego, feroz luchador contra la convivencia con los socialistas. Estandarte de la conquista de pagos propios, no ha dudado en traicionar a sus bases, expulsar a críticos, aceptar la dimisión en bloque del consejo ciudadano de Podemos en Ciudad Real y no sé cuántas cabriolas más, para jurar sin pudor la vicepresidencia segunda del gobierno autonómico.
Todo este capítulo se parece al “Juego de tronos” que Iglesias regaló a Felipe VI. Es decir, el guion de la serie sigue el curso de un río conocido. Veremos muchas cabezas en las picas e imaginaremos a intrigantes eternos en la sombra. ¿Por qué? ¿Porque lo determina la lógica de la historia? Quién sabe.
No soy determinista, pero la observación me dice que lo sucedido en el palacio de Fuensalida de Toledo es el primer episodio de una nueva temporada para la izquierda. No es un banco de pruebas, como se propone, aunque pudiera parecerlo. Es un hecho consumado que habla de la caída electoral de Podemos, de su necesidad de agarrarse a los mecanismos tradicionales del poder, del fracaso de fórmulas improvisadas desde la indignación y de la búsqueda del arropo socialista.
Si el PSOE continúa recuperándose, a los dirigentes de Podemos no les queda otra alternativa que socializarse, antes de apagar la luz de su desorganización. Y lo harán recorriendo el camino que en su día hicieron los comunistas de Santiago Carrillo y otras pequeñas organizaciones de las izquierdas históricas. Y al sentarse en los escaños del PSOE, los escucharemos anunciar que se suman para transformar el partido del Pablo Iglesias ferrolano y asaltar el cielo que los votos les niegan. Jugar con palabras y conceptos se les da bien, pero por sus hechos los conoceréis.