Paro y empleo

Ayer he encontrado en la calle a Mariano Rodríguez. Solemos coincidir en la cola del pan los domingos. Él me comenta alguna noticia del día y yo le sigo sus razonamientos porque es una persona inteligente, culta y bien informada, pero en realidad apenas sé nada de su vida, excepto que es profesor. Me saludó como acontece por estas calendas, cuando el personal regresa de vacaciones. Yo no he ido a ninguna parte, sin embargo él acababa de llegar de Baleares y venía de causar alta en la Seguridad Social. Me sonó raro.
-He pasado cinco días en el paro, como todos los años –me dijo-. Ahora vuelvo a estar de alta en mi puesto del colegio.
Me extrañé aún más y, ante mi cara de interrogación, aclaró que el centro escolar lo contrata en septiembre y lo despide en junio. En ese momento comprendí la explicación que Tomás Burgos, secretario de Estado de la Seguridad Social, acababa de hacer pública culpando al sector de la educación de contribuir a la destrucción de los 179.485 empleos finiquitados en agosto. La temporalidad en la educación privada y en los nuevos usos de la pública se convierte de este modo en el empleo de calidad del que presume la ministra Fátima Báñez. No hay duda.
Otro actor responsable del fiasco monumental, según Tomás Burgos, han sido los despidos en la industria. Nada que ver con la reforma laboral, naturalmente. Enseguida intuí que, un amplio grupo del empresariado, en tiempo de vacaciones tira del ventilador del paro para oxigenar sus cuentas. Una práctica fácilmente encuadrable, me dije, en el concepto de empleo social preconizado por el ministerio del ramo. El obrero mantiene el derecho a ocio remunerado y el contratante afianza sus plusvalías. Todos contentos, menos la estadística y la tesorería de la Seguridad Social.
El tercer sector culpable, según el político, ha sido la construcción. ¿Aún sigue explosionando la burbuja?, me alarmé.
-¡No! –respondió Mariano con sorna-. Se trata de evitar los perjuicios del sol a los trabajadores. El trabajo sano es aquel que evita el sudor, las insolaciones, las subidas de tensión… En la cola del paro esos males no acaecen.
-¡Ya! –le dije-, pero no entiendo que hayas estado sólo cinco días desempleado. No formas parte de los 46.400 nuevos parados de las noticias.
-En parte sí, en parte no –respondió-. Durante julio y agosto trabajo en la hostelería de Palma de Mallorca. Entro y salgo de la estadística. De la mala, cuando ceso en el cole. De la buena, cuando visto el uniforme de camarero. De la mala cuando termino ese peculiar veraneo en las islas. De la buena cuando regreso a las aulas… La movilidad de Báñez, ya sabes, geográfica y plural.
El círculo vicioso de Mariano me explicaba algunas cifras, pero no todas porque al poco leí que en agosto habían causado baja en la Seguridad Social 341.334 personas. Me pareció que el Ministerio de Trabajo debe de estar invadido por el espíritu evolutivo de los pokemon.