Un quiero y no puedo

Un quiero y no puedo

Lo de que querer es poder no es más que una bonita chorrada, por mucho que de vez en cuando la voluntad, la constancia, el esfuerzo o la simple suerte hacen realidad esta manida afirmación que suelen predicar los gurús del éxito fácil y los “coaches e influencers” tan de moda. 
Y si no que le pregunten a Rajoy, que se esmera por parecer sincero cuando dice que quiere pero no puede subir las pensiones. Se le ve lamentando esta triste realidad, cabizbajo, apesadumbrado y haciendo pucheros mientras balbucea que no podemos gastar lo que no tenemos y muchos jubilados ponen al fuego su puchero, cada vez con más ajo y agua (ajo-derse y agua-ntar) y con menos recursos.
Por eso los pensionistas se han echado a la calle, cabreados, como lo estaba Yoda con Luke Skywalker cuando le gritaba “¡Tú siempre con tus no puede hacerse! ¿Es que escuchándome no estabas?”. Porque creen que en la subida del 0,25% de sus pagas no está todo el compromiso del gobierno con su causa justa. Porque además del maltrato social, que ya condena por adelantado nuestro futuro, el castigo económico hace muy complicada la realidad diaria de muchas personas mayores, que en no pocas ocasiones salen adelante sin una digna calidad de vida.
Por si no tuviéramos suficiente con la crisis demográfica –infausta en Galicia-, nuestra comunidad autónoma es la segunda con la pensión de jubilación media más baja de España y la que tiene más pensiones por debajo del salario mínimo interprofesional, un 56%. El querer es poder no ha sido suficiente para que el euro veinticinco adicional les bastara a los pensionistas para pegarse el gustazo de un desayuno completo al mes en el bar del barrio.
Como escuché decir una vez en el tanatorio a una abuelita que lloraba la muerte de su viejo compañero, después de pesados años de enfermedad, la vejez está muy mal inventada. Se refería, por supuesto, a que estaba mal diseñada por el Dios en el que creía y con el que pensaba estaría al fin su marido. Pero desde dicho punto de partida de fe, lo realmente grave e imperdonable es que la política y los gobiernos no trabajen para garantizar unas condiciones dignas en los momentos más vulnerables por los que la edad nos hará pasar a todos, a salvo de una muerte prematura que nos permita dejar un bonito cadáver y sin perjuicio también de unos cuantos privilegiados a los que podrán limpiarles el culo con sus atesorados billetes o planes privados de pensiones.
Debemos exigir lo mejor para la gente mayor, que no deben echarse a la calle solos, puesto que todo lo que reclaman es también para nosotros. Tenemos que reclamar el respeto para quienes cada vez están más empobrecidos y desprotegidos. No hay soluciones para las pensiones, ni para la dependencia, ni la enfermedad, ni compromiso político real que evite que los viejos estén –estemos- condenados a comernos los mocos en una esquina cualquiera o seamos una carga insoportable para los pocos jóvenes que vayan quedando, que tendrán que trabajar casi hasta la momificación para garantizar las cotizaciones. Si esto sigue quedando en un quiero y no puedo tendremos que ir haciendo fila en la caída al acantilado y yo, en mi silla de ruedas, le pediré a mis hijos con cariño que me den un beso y un empujoncito, porque les quiero.