Aunque reviente, independiente

Aunque reviente, independiente

Qué ve el ciego aunque se le ponga una lámpara en la mano? ¿Quién y qué razones pueden hacer razonar a un loco? El desafío independentista no tiene solución pacífica porque ninguna justificación -ni jurídica, ni lógica- será escuchada nunca por quienes han perdido el juicio. Si se pudiera razonar con los independentistas, no habría independentistas. 
El independentismo está dispuesto a engullirse a sí mismo por los pies para satisfacer el objetivo secesionista ilegal y evitar lo que llaman la venganza y humillación del Estado represor. Ni reglas, ni razones, ni ruegos. Por eso el Gobierno de la nación y su Legislativo pondrán en marcha el poder coactivo legítimo para intentar recuperar la senda de la cordura. 
Frustrado así el intento de trasladar la visión ensoñadora y justa del derecho a la constitución de una nación propia y libre del sometimiento español -buscando fundamentalmente el apoyo internacional-, la impotencia alimenta el rencor y el odio irracional no admite siquiera límites para preservar la seguridad y el bienestar de sus propios conciudadanos. Aunque reviente, idependiente.
Era yo pequeño cuando sufrí en el cole los abusos de un chaval que no atendía a autoridad alguna, ni familiar ni institucional, por lo que podría entenderse independiente y rebelde. El matón creía tener derecho a mi bocadillo y me lo quitaba con fuerza cada día, no atendiendo a las razones que yo consideraba legítimas sobre la merienda que me había hecho mi madre. Sus amigos pensaban como él y disfrutaban con el sentido de la justicia que esgrimía el animal. La mayoría de los demás, callaban y miraban para otro lado. En poco tiempo el patio era suyo y no había más normas que las que él improvisaba. Ya nadie compraba bocadillos porque solo alimentaban a la bestia. Hasta que un día se pasó por allí mi primo mayor y le expuso las razones por las que no debía incumplir las normas sobre la propiedad de los bocadillos o cualquier otro procedimiento establecido. Se las dejó impresas. 
Desde aquel momento, el muy anárquico pasó de despreciarme despreocupadamente a un odio hacia mi que creo sentir todavía hoy cuando me lo cruzo alguna vez en la calle. Nada se atrevió a hacerme desde el requerimiento, que no entendió pero asumió, pero su resentimiento alimentó su animadversión y su ira hacia todo el sistema establecido. Acabó expulsado del colegio y auto excluído de la sociedad, pero eso sí, independiente. Independiente aunque reviente.