El error de Pedro Sánchez

El error de Pedro Sánchez

De todos los "mantras" con que el Partido Popular ha ido sembrando sus argumentarios sobre los múltiples casos de corrupción que le afectan, el más determinante ha sido, sin duda, el repetidísimo : "esperemos a que hable la Justicia". Pues bien, la Justicia ha hablado, y lo ha hecho de manera contundente, imponiendo durísimas penas a los diferentes actores del escándalo Gürtel, condenando al PP (civilmente) por lucrarse con la trama, acreditando la existencia de la caja B y, apuntando que no cree a Mariano Rajoy cuando declaró, como testigo en el juicio, sobre dicha caja.
Sí, la Justicia ha hablado, provocando un auténtico terremoto político, de consecuencias muy inciertas a corto plazo, pero cuyo desenlace pasa, ineludiblemente, por la convocatoria de unas elecciones anticipadas. La Justicia ha hablado y ahora debe hablar la ciudadanía.
Mariano Rajoy debería haber sido el primero en pedir perdón, convocar esas elecciones y, sin lugar a dudas, dimitir, saliendo así de la política de la manera más digna posible. Pero, como era previsible en él, no lo ha hecho.
Así las cosas, al secretario general del Partido Socialista Obrero Español, Pedro Sánchez, no le quedaba otra que recurrir al único mecanismo en manos de la oposición con el que forzar esas necesarias elecciones: la moción de censura.
Y es lo que ha hecho, pero lo ha hecho mal.
Habida cuenta de la complejidad de un Congreso de los diputados, con partidos cuyas características ideológicas y tácticas, impiden , hoy por hoy, la posibilidad de conformar una mayoría estable, lo lógico, lo inteligente, lo que demostraría un auténtico sentido de Estado, habría sido, en vez de correr a ofrecerse como solución de Gobierno, apelando al voto de un imposible "tótum revolútum", haber llegado a un acuerdo con Ciudadanos y Unidos Podemos sobre una moción de censura como instrumento único y exclusivo de convocar unas elecciones generales anticipadas en el próximo otoño.
Esa habría sido la única manera de descabalga al PP del poder, cosa que, al parecer, es lo que los tres partidos implicados priorizan. ¿O no? Porque si es que no, que nos lo expliquen. Al no posibilitar esta solución, empeñándose en formar un Gobierno imposible durante un tiempo imposible, con la excusa de que antes es necesario propiciar cambios sociales, Pedro Sánchez pone de manifiesto su imperioso deseo de llegar a la presidencia del país por encima de todo. Y al hacerlo pierde crédito y, sobre todo, pierde la gran posibilidad de que los electores empiecen a considerarle como un autentico hombre de Estado. ¡Que error, que inmenso error!