Restauradores

Los aficionados que han perpetrado las últimas restauraciones de tallas medievales no pueden ser amantes del arte ni tan siquiera aficionados a la restauración, porque lo que manifiestan tanto los primeros como los segundos es respeto por la obra de arte que contemplan o deben restaurar. No fue bastante con el Ecce Homo de Borja, ni sirvió de ejemplo para que ningún otro arriesgado amateur se decidiera a acometer un empeño que le supera por falta de capacitación técnica. La indignación de los verdaderos restauradores es comprensible ante tanto desaguisado. Las restauraciones de esas piezas ni son fáciles ni suelen ser baratas. Por eso es mejor dejarlas como están a la espera de los recursos necesarios que estropearlas para siempre. Si los vecinos de otros pueblos no quieren que su nombre quede ligado a la historia nacional del ridículo que pidan ayudas a los organismos competente o paguen las restauraciones a escote.