Camiseta

No es la primera vez que ocurre, lo que quiere decir que en anteriores ocasiones funcionó. La culpa, que no responsabilidad, de que estas cosas ocurran es de quienes son víctimas de la moda y padecen marquitis y se muestran orgullosos de convertirse en un panel publicitario. Si Prada pone a la venta una camiseta blanca con su logo y la vende a 300 euros está realizando una campaña de marketing de alta categoría. Que camisetas similares sin el logo se vendan por cinco euros en la mercería de la esquina demuestra lo absurdo que puede ser el consumismo. Como efecto colateral la propia marca fomenta el top manta. En China, India, Turquía y en tantos otros sitios se están frotando ya las manos porque nunca les va a resultar tan fácil inundar el mercado con una falsificación, ante la pereza de la empresa para realizar un diseño innovador.  Las propias marcas se devalúan con estos experimentos.