Artículo 155

Siempre ocurre. Hasta en los momentos más graves de la historia aparece alguien con visión comercial capaz de sacar rédito de la angustia colectiva, de darle un giro al drama y de distender la situación. El primero que con un poco de ingenio y conocimiento de la ley de la propiedad intelectual se acerque al registro se lleva el gato al agua poniendo a su nombre una de esas expresiones que tienen éxito a lo largo de una temporada más o menos larga, y que son de las que se quedan grabadas a fuego en la cabeza de varias generaciones como un bolero antiguo. Por lo pronto ya hay un licor de crema catalana con la marca “Artículo 155” al que se le entiende todo. Y no será el único producto que a lo largo de los próximos días lleve como apellido ese número tan constitucional, tan inédito hace unos meses y tan de actualidad ahora para cualquier cosa que sirva para intervenir algo.