La memoria de Rajoy

La memoria de Rajoy

Si es verdad eso de que los españoles somos unos ignorantes financieros, Mariano Rajoy nos representaría perfectamente. Ahora bien; siendo como él es el presidente de un partido político que, como el Barça, es más que un club, más que un partido, un partido y algo más, diríase que una empresa de intermediación financiera penetrada de "lobbys", tramas, comisionistas y cacos más o menos por libre cual acreditarían sus numerosos casos conocidos de corrupción, ya podía haber espabilado un poco en lo tocante a los dineros, que, al parecer, iban y venían descontrolados por Génova como si no hubiera un mañana.
Sólo la amnesia permite eludir el perjurio, manteniendo en su nebulosa la verdad. En su testifical en la vista del Caso Gürtel, Rajoy ha venido a decir que no se acuerda de nada, "salvo de alguna cosa", y puede que, en efecto, no recuerde detalles de las circunstancias que han llevado al partido que dirige a ser percibido, si no como la cueva de Alí Babá, sí como la casa de Tócame Roque. La amnesia habita en el mismo espacio cerebral que el recuerdo, que la memoria, suplantándolos. Pese a los visibles esfuerzos del presidente del Gobierno para no incurrir en falsedad, que no sólo es una cosa muy fea, sino que está severamente castigada por la Ley, hemos visto cómo en algunos pasajes de su intervención, en algunas respuestas, la nebulosa vencía a la claridad.
Ante un presidente del Tribunal algo fosco y hosco, que cortaba de raíz, por considerarlo impertinente, cualquier elipsis, divagación o circunloquio pese a la importancia de esas figuras en el esclarecimiento de la verdad, ni los interrogadores ni el interrogado han podido, en consecuencia, lucirse demasiado. Con todo, no se trataba de lucirse, sino de arrojar luz, de iluminar, pero hay severidades que comprometen tanto una cosa como la otra, de suerte que Rajoy, maestro del chascarrillo, apenas si ha conseguido deslizar alguna de sus perlas, como esa de que responde en gallego porque no va a responder en riojano.
Se dice que lo que no queda en la memoria, no merece la pena, pero seguramente eso no es aplicable a las lagunas de Rajoy. Tantos años en puestos de alta responsabilidad en el partido y en el Gobierno, tantos años de presidente de ambos, tantos años de Génova, tantas movidas, tantas reuniones, tantos correos, tantas cosas, merecerían una memoria más despejada, siquiera para contribuir a que la historia del presente se escriba, como al propio Rajoy le gusta decir, con sentido común y como dios manda.