En misa y en la procesión

En misa y en la procesión

¿Es compatible tener contenta a Europa y, simultáneamente, a los empobrecidos españoles? ¿Se puede seguir ahondando en los recortes rajoynianos, manteniendo el déficit en los niveles en que la despiadada Unión Europea los fija, y, al mismo tiempo, librar los recursos que necesitará el Gobierno socialista para desarrollar las urgentes políticas sociales que la nación precisa y para socorrer a los que en éstos años cruzaron, empujados violentamente por las políticas del PP, el umbral de la pobreza? Pedro Sánchez cree, al parecer, que sí.
Su Gobierno se presenta como sumiso a los dictados de la Unión, pero también al deber de revertir la insoportable escalada de la desigualdad que se había instalado en España con la intención de quedarse. La circunstancia, tan celebrada, de que para los ministerios clave hayan sido elegidas mujeres, ni quita ni pone dificultad a la cuadratura de ese círculo, pues no se trata de un asunto de género, sino de talento, formación, pericia y voluntad política, cualidades que, por lo demás, sí parecen atesorar las nuevas ministras.
Hay gestos de los que anuncia el Gobierno de Sánchez que no cuestan dinero, como, por ejemplo, la derogación de la infausta Ley Mordaza, pero hay otros que, por ser más que gestos, van a revelar si la potencia que se le atribuye al nuevo gabinete es verdadera. Sin ir más lejos, el que eliminaría la Reforma Laboral, esclavista más bien, del gobierno anterior. A Merkel ya le corre prisa el reunirse con Sánchez para advertirle de que eso no se toca.
El sorprendente Gobierno de Sánchez, sorprendente por la calidad acreditada de la mayoría de sus integrantes, pinta bien, pero es mucho lo que hay que pintar, nada menos que la fachada entera de una España desconchada, por no hablar de la fontanería, de la electricidad, del alcantarillado y de la propia estructura de la gran casa comunal. Es cierto que con 85 de 350 diputados, con tan escaso fundamento en el Legislativo, poco puede pintarse y reformarse, pero también lo es que dispone de un instrumento, el Decreto Ley, que lo mismo que se ha usado y abusado de él para el mal, puede y debe utilizarse para el bien.
Se verá cómo se las apaña éste Gobierno para estar, al mismo tiempo, en misa y en la procesión.