El viaducto Morandi

El viaducto Morandi

Matteo Salvini, el vicepresidente y ministro del Interior italiano, siempre feroz con los más débiles, los fugitivos del hambre, los náufragos, se ha compadecido de una extraña forma de sus compatriotas muertos en el derrumbe del puente de Génova: "Es inaceptable que en Italia se muera así". Hasta para dar un pésame, Salvini parece sentir una inclinación irrefrenable a conducirse groseramente, pues ¿es acaso aceptable, o menos inaceptable, que se muera así en otros países, en otros lugares?
Diríase que para Salvini ni la muerte iguala a los seres humanos, o, cuando menos, la forma de morir. No le parece aceptable que en Italia, donde sobreviven tantas edificaciones de la antigua Roma, se desplome un viaducto moderno, el siniestrado Morandi, que con su más de un kilómetro de largo y sus 45 metros de alto desafiaba al vacío con su ingeniería tan pretenciosa como precaria. Se trataba de un puente enfermo, necesitado de remiendos constantes, que discurría amenazador sobre las viviendas de Génova, pero que, al tratarse de Italia, se ve que no era de recibo que un mal día se agravara y cayera.
Ahora bien; Salvini se ha conformado con esa desafortunada frase y no le ha echado la culpa, como suele, a los inmigrantes. En ésta ocasión, acaso por la insuperable dificultad de ligar una cosa con la otra, se la ha echado a Europa. Según él, el viaducto Morandi se ha derrumbado, arrastrando consigo las vidas de unas 40 personas, porque la UE no permite a Italia gastar lo necesario en sus carreteras. Viniendo a decir que por culpa de la Unión Europea ha ocurrido lo inaceptable, que en Italia se muera así, el vicepresidente italiano ha perdido otra maravillosa ocasión, y van muchas, para callarse. ¿Tan difícil es exhibir un poco de continencia verbal, y conceptual, ante una tragedia? Para Salvini, al parecer, sí.
En Italia, como en todas partes, se muere de muchas maneras, siendo inaceptables, si bien se mira, todas ellas. La muerte es siempre inaceptable, independientemente de cómo cada cual digiera su inevitabilidad. Es inaceptable, sí, que una mala obra pública provoque la muerte en Italia de cuarenta ciudadanos, como lo es que también en Italia, en sus aguas, o cerca, haya náufragos que ahoguen por no recibir el socorro que dictan las sagradas leyes del mar. Casi todo en el mundo va siendo inaceptable.