La verdad parece mentira

La verdad parece mentira

Cerramos año con tendencia de crecimiento en el número y tiempo de las noticias sobre violencia de género e inmigración. A ello hay que añadir que allegados o vecinos de las personas implicadas en agresiones o crímenes sigue subiendo frente a las cada vez menos apariciones de voces expertas. Es un hecho puesto sobre la mesa con datos del informe del Consejo Audiovisual de Andalucía en las televisiones públicas de esa Comunidad, algo perfectamente exportable al resto del país.  Con el espacio al tiempo, los deportes, los sucesos y los dos temas señalados, los minutos dedicados a reseñar la realidad en el telediario televisivo se quedan en simple apariencia de informar; pero vistos en conjunto tienen como protagonistas a la Sociedad Civil, un pensamiento  que se ha trasladado a dimensiones populistas, de moda, y, en muchas ocasiones, claramente demagógicas traspasando la linde de mantenerse fiel al significado de aquello que no es militar ni religioso y metiéndose en parcelas ideológicas. Hoy habría que poner en duda la naturaleza de la Sociedad Civil, aquella naturaleza ciudadana que disponía de autosuficiencia económica para sus exigencias alcanzando así una libertad real de todos a una como símbolo-prototipo reivindicativo de que la verdad la necesitamos para ser lo que somos.
Ante la cada vez menor lectura e influencia de los periódicos de papel, las redes sociales han venido a decirnos que creemos mejor y compartimos más las noticias falsas que el trabajo periodístico de calidad. Si moralmente siempre ha sido el objetivo buscar la culpabilidad, hoy estamos ante la difícil tesitura de que la verdad no es culpable. La verdad sí puede ser tan artificial como el propio conocimiento del que se predica pero hay esa Verdad necesaria para convivir, para sobrevivir a las distintas voluntades y al engaño generalizado y aceptado, no tanto por ser engañados como de ser perjudicados mediante el engaño.
Lloramos poco y, en raras ocasiones, nos ponemos rojos al decir lo que no es. Se está perdiendo la integridad y ello daña especialmente al Periodismo porque es la Ciencia de la Información que alimenta a la Sociedad. Deberíamos hablar de integridad personal que impida la existencia de marionetas de calcetín que suponen personalidades ocultas para comentarios, entradas de blogs, foros... todo para noticias falsas. La verdad tiende a desaparecer igual que la tecnología está diseñado para que no pueda controlarse, igual que estamos en momentos de abrazar para destruir, y de incomprensibles aficiones.
 Que este 2019 sea positivo para el porvenir, con avance de sentido de la seriedad y ganas de dejar huella de lo bien hecho. Que el mensaje de Fuenteovejuna viva en el pueblo que defiende su honor sin olvidar ser positivos y sumar. Vienen tiempos mejores, confiemos en la búsqueda y en la pasión necesaria para llegar a La Verdad Natural.