Venga la bola de cristal

Venga la bola de cristal

Cuando escribo este artículo estamos en plena duda sobre si el president Puigdemont sería o no detenido antes del 1-O, porque el fiscal general del Estado admitía la posibilidad en el caso de que aquel fuese acusado de malversación de fondos públicos. Y esa sola posibilidad me parece que no ha provocado ningún cataclismo político ni histórico, lo que significa que nos lo hemos tragado y no sufriríamos un latigazo eléctrico en masa si de pronto tal cosa sucediese. Puedo asegurarles que no me tiemblan las manos cuando tecleo esto en el ordenador. No es ninguna bobada lo que escribo y que sería incomprensible muy poco tiempo atrás. Quiere eso decir que nos hemos hecho ya a la aceptación de cualquier eventualidad, por muy disparatada y tremebunda que parezca. Y no es una bobada lo que digo porque lo tengo muy contrastado en los medios de comunicación y en las conversaciones que escucho o en las que intervengo.
Tal vez se explique esta actitud tan generalizada en el hecho de que nos ha dado tiempo a acostumbrarnos a todo y a admitir cualquier posibilidad, en esta vorágine de sucesos y de situaciones en los últimos meses o desde luego semanas. Es evidente que Carles Puigdemont ha venido manteniendo el ritmo sin dar marcha atrás, igual que sus compañeros de aventura, lo que sin duda concita la credulidad de todos, que somos seres humanos. Todo sucede además en idéntica sintonía, como la coordinación desde Madrid de las tres policías y el desparpajo del Gobierno de Rajoy en la administración de esta coyuntura.
Otro golpe muy duro es la imposición a Artur Mas y sus compañeros del 9-N de la multa de cinco millones largos de euros de fianza por la responsabilidad que en aquella historia se les atribuye. Y algo desconcertante es la presencia estos días en USA de Rajoy y su encuentro con Trump, como si aquí no pasara nada y estuviéramos viviendo en el mejor de los mundos y en la más tranquila de las vidas. Y los otros partidos, pues con sus contradicciones y su falta de sentido común y de la medida, sin parecer que entiendan la trascendencia de lo que hacen.
Cuando escribo, quedan muy poquitos días para el 1-O y la impresión generalizada es que nadie sabe de verdad lo que puede suceder y el giro que pueden tomar los acontecimientos a partir de esa fecha fatídica. Si alguien tiene la bola de cristal, que haga el favor de contárnosla a todos los ciudadanos españoles, que se lo agradeceremos eternamente.