Lo de Soraya

Es sorprendente la salida de Soraya Sáenz de Santamaría, que puede atribuirse o bien a una tremenda torpeza política o bien a un acto deliberado de provocación para asegurarse el apoyo al Gobierno en la escalada de real persecución al sector soberanista, sector, por lo demás, no mucho más lúcido en el comportamiento en la pugna de estos meses, incluso años. Decir airadamente y con muy mal genio y desparpajo que Rajoy y el PP se apuntan el gran tanto de haber descabezado al independentismo y a la Generalitat, es tanto como reconocer una acción antidemocrática y anticonstitucional.
Es saltarse a la torera, y reconocerlo, el principio de separación de poderes, que desde hace siglos constituye la garantía de la democracia constitucional en todos los Estados que históricamente concibieron y alentaron el sistema de libertades de los regímenes democráticos. ¿Quién puede sorprenderse de que los soberanistas hayan reaccionado anunciando citar en los Tribunales a la vicepresidenta del Gobierno por conculcar nada menos que el sagrado principio de la separación de poderes, que es la garantía de la democracia? El apoyo de Albiol y otros del PP a aquellas terribles palabras de Soraya es grave aunque algo menos tremebundo por ser un acto de sumisión a la voluntad del jefe, en este caso de la jefa.
Hay quien piensa que lo de Soraya es una reacción nerviosa al evidente rechazo al PP por la inmensa mayoría de la población catalana, subrayado por el importante apoyo de la misma a Ciudadanos, el partido que ha venido a casi borrarlos del mapa político en el Principado. En todo caso, los nervios de que no sea suficiente para el PP ganarse fuera de Cataluña los apoyos que pierden dentro. Solo faltaba que después el PP no cosechara grandes cosas en el resto de España. Pero esto no lo sabremos si Rajoy cumple sus promesas de no convocar de inmediato elecciones generales y dejar que se cumpla entera la legislatura.
¿Repetición de las elecciones catalanas? Esa viene siendo una de las grandes preguntas de la campaña, a la vista del convencimiento general de que ahora va a ser muy difícil encontrar la soñada combinación política para gobernar. Enseguida lo veremos. Porque lo visto hasta ahora es que los dirigentes clave no piensan hacer posible fácilmente la fórmula que garantice la gobernabilidad.