Yoko y la independencia

Yoko y la independencia

Acabo de saber que, entre las prestigiosas personalidades del ámbito internacional que respaldan el referéndum por la independencia están Eric Cantona y Yoko Ono, ambos inopinados embajadores de la causa secesionista aunque muy celebrados eso sí por sus hábitos estrafalarios que restan sorpresa a sus respectivos pronunciamientos. Cantona era un señor que jugaba al fútbol en el Manchester United y la emprendió a patadas con un espectador descontento de su juego saltando desde el campo la valla que los separaba para liarse con él a puntapiés. Lo he visto encarnar al  embajador francés en una película ambientada en la corte británica del siglo XVI y poco más. No creo que su opinión tenga, esa es la verdad, un peso excesivo ni que su respaldo contribuya a consolidar en el exterior la causa secesionista, pero su respaldo no tiene que sorprendernos porque Eric Cantona ha sido un bocazas toda la vida, cuando jugaba al fútbol y cuando dejó de hacerlo.
El caso de Yoko Ono es para mí más próximo por razones obvias, y reconozco que, compartiendo opinión con millones de seguidores de los Beatles que en el mundo existen, nunca la he tenido en gran estima. Su  influencia en un genio abúlico y tímido como lo era Lennon resultó en mi opinión determinante para empobrecer su enorme caudal creativo con resultados claramente adversos y su presencia en el entorno de la banda contribuyó sin duda alguna a desmembrarla y propiciar un final dramático que la banda francamente no merecía. Yoko Ono es un ser perturbador y aciago, capaz de destruir todo lo que toca así que no desmayemos porque si ha decidido apoyar el independentismo catalán es muy posible que la causa de Puijdemont acabe en tragedia. 
Hace un par de horas, esta misma conversación la mantenía yo por teléfono con un amigo mío que considera a este engendro japonés el trasunto del maligno. Supone que Yoko Ono no solo no ha colmado sus apetencias siniestras acabando con los Beatles sino que se ha empeñado en amargarnos la vida a sus múltiples seguidores. Es muy probable que así sea y pague por ello cuando le toque, pero para hacer boca hay que comenzar por decidir qué tipo de arte representa y cómo se puede vivir una vida de impostura permanente producto de su matrimonio con un famoso al que hizo víctima de maniobras que avergüenzan.
La historia escrita dice además que Ono pretendió cazar primero a Paul McCartney  pero el bajista le dio puerta. Por cierto, que si el motivo de su idilio con el independentismo es la contemplación de Puijdemont cantando un tema Beatle, es de recordar que esa canción era “Let it be” que no es de John sino de Paul quien, por cierto,  no puede ni verla.