Un referendum ridículo

Un referendum ridículo

El carácter asambleario de Podemos, que ha dotado de un perfil consistente a su fisonomía desde el momento mismo en que se dio a conocer en la Puerta del Sol, ha vuelto a tomar carta de naturaleza para dirimir un asunto doméstico, condenando una práctica que en un principio fue bien aceptada por la opinión pública a pesar de su desagradable tufillo a polilla de politburó, a su condición más esperpéntica. La tentación aguarda a la vuelta de cada esquina y no respetó ni a Jesucristo cuando menos iba a hacerlo con el dúo Iglesias-Montero, una pareja para la vida en común y para la política, que se adueñó del partido repartiendo mandobles para sacarse de en medio todos los compañeros que hicieran una sombra peligrosa, y que han sucumbido a los placeres de una existencia regalada que con tanta saña combatieron cuando eran unos chicos rebeldes.
Convertir este patinazo de libro en materia de referéndum es tan vergonzante como el acto mismo de adquirir el chalé de Galapagar. Obligar a las bases de “Podemos” a retratarse, y abrir urnas para congraciarse con el personal tras este disparate sin pies ni cabeza que convierte al cazador en cazado y al azote en cogote donde recibir los zurriagazos, es de una puerilidad y de una insolencia insoportable y en el pecado irá la penitencia. Si yo fuera de Podemos no iría a votar y además los mandaría a la mierda, pero…
Lo que sí tiene interés en este episodio tragicómico es, sin embargo, el estudio de las condiciones en las que se ha producido este préstamo, un ejercicio necesario que está por encima de las explicaciones de los compradores, de sus amigos, de sus socios y de su equipo de asesores políticos. Sería bueno aclarar qué hay detrás de esa entidad Cooperativa de Ingenieros, qué sistema de financiación les permite desarrollar estas políticas tan liberales a la hora de la concesión de préstamos, por qué se concede a Iglesias y Montero y, sobre todo, por qué se prestan 500.000 euros en condiciones tan favorables porque los números no salen al menos si lo que se manejan son datos facilitados por las partes que acaparan el protagonismo de la compra. Treinta años a 1.600 euros mensuales, ni aplicando un tratamiento de lo más benevolente cuadran las cuentas.
La consulta popular a los militantes de un partido que nació para combatir las arbitrariedades y los excesos es una ridiculez. Y, además, es una estrategia que sospecho desea disimular lo más grave. Especulación, trato de favor, sospecha de financiación encubierta, agradecimientos… Cosas muy chungas. A ver qué dice Hacienda.