Un disparo en el pie

Un disparo en el pie

Con esta Cataluña de hoy mismo me ocurren dos cosas. Cada vez la entiendo menos y, directa consecuencia  de esta primera hipótesis de trabajo, cada vez me importa menos su destino visto que sus habitantes han permitido que ese futuro antes ejemplar cayera en manos de determinadas fuerzas capaces de abocarla a la depresión y a la ruina. Si los propios catalanes no pueden calibrar las consecuencias de sus elecciones no seré yo el que se preocupe aunque siga en permanente estado de pasmo asistiendo a semejante comportamiento.
Estas fechas previas al anunciado referéndum por  la independencia que los gobernantes catalanes han fijado para el primer día del mes de octubre –ya queda menos- Barcelona se ha desayunado con la planificada actuación de un comando juvenil autodenominado “Arran” que ha llevado a cabo actuaciones de ataque y sabotaje a actividades turísticas. Los encapuchados, todos ellos adolescentes, forman parte de la división juvenil de la CUP, el partido antisistema nacionalista y anarquista cuyos votos sostienen a Puigdemont. Los chicos, cumpliendo las órdenes administradas por sus mayores, han atacado dos autobuses repletos de turistas y han destrozado varias bicicletas de alquiler que empresas barcelonesas  destinan al uso de los visitantes. Los cachorros de la CUP se reúnen en zonas muy significativas de los itinerarios turísticos barceloneses para alentar campañas de protesta y presión. No quieren una Barcelona visitada ni desean, al parecer, que esos visitantes que acuden a la ciudad a la búsqueda y contemplación de sus joyas del modernismo se dejen allí sus dineros.
Prefieren dispararse en el pie porque los datos que sobre el fenómeno turístico maneja la Ciudad Condal expresan hasta qué punto esta actividad es una fuente de riqueza de extraordinaria importancia hasta la fecha en el concierto económico y financiero de la capital de los catalanes. Barcelona, es el primer destino turístico del país y recibe anualmente más de treinta millones de visitantes que dejan en ella  unos dos mil millones de euros. Gran parte del comercio y la restauración dependen de esta actividad que genera entre veinticinco y treinta mil  puestos de trabajo cada temporada. Con este panorama no parece en verdad muy inteligente organizar una campaña violenta que acose una línea de financiación tan poderosa para una Cataluña cuya situación financiera se desmorona cada trimestre.
Uno cree que respecto a esta Cataluña de locos que ha ido tomando forma sorprendentemente lo ha visto todo, pero este disparate es nuevo. Y de mucho mérito. Colau no te me duermas que te avían.