Un debate de cuajo

Un debate de cuajo

Para debate con cuajo y con trascendencia está el de la prisión sí o no permanente, un debate enorme al que este país nuestro, perdido en inocuas polémicas de perfil bajo o como mucho medio, necesita plantear y resolver aunque está visto que los asuntos de verdadero recorrido cada vez interesan menos porque necesitan  valentía, precisión de pensamiento y sobre todo compromiso. Llevamos más tiempo del necesario perdidos en duelos absurdos preguntándonos por ejemplo si hay que cambiar la Constitución para que el soberanismo catalán se encuentre más acogido, y hemos perdido la costumbre de adentrarnos en el corazón de las tinieblas. En esos temas que plantean dudas enormes y que repican por si mismos en las conciencia.
Pero se han ido produciendo delitos terroríficos que llevan con ellos el miedo. El miedo a tener una hija a la que mate un depredador sexual en una noche de luna  llena. El miedo a que te hagan mucho daño sin merecerlo. El miedo a que unas fauces codiciosas rezumando babas fuercen tu puerta y tu ventana, te huelan, te busquen y te encuentren. Las historias sombrías que nos han acompañado de tanto en vez son ahora más frecuentes. Cuando se produce una tragedia tan grande como la que ha acabado con la muerte de Diana Quer, como ocurrió antes con Marta del Castillo, o con Mari Luz de la que nos habíamos olvidado, o incluso mucho antes con Débora, la mente echa a andar y comienza a preguntarse si estaremos en el camino correcto.
Muchas firmas están sustentando la necesidad de plantearse la prisión permanente y el escenario social desea discutirlo porque se amontonan las razones para defender esta opción como antes se agolpaban los argumentos para opinar en sentido contrario. Es muy posible que estemos cambiando para peor y un sector de la opinión pública española aboga por un paulatino endurecimiento del sistema penal. Desde el punto de vista más liberal y ecléctico es lícito sospechar que hay razones en ambas teorías pero nunca sabremos dónde está la voluntad del pueblo si no abordamos con serenidad y firmeza la necesidad de resolver esta encrucijada que está comenzando a roernos por dentro. Esto es mucho más importante que la polémica sobrevalorada del catalanismo con el que uno se desayuna todos los días, e incluso almuerza, merienda y cena.
El “Chicle” me parece a mí que ha abierto una puerta.