Servidumbres de vicepresidenta

Servidumbres de vicepresidenta

La vicepresidenta Calvo es una mujer con formación y recursos a la que se le augura sin embargo un porvenir pródigo en crispación al que le conduce precisamente esa notable competencia profesional que se le supone. Por el momento, la vicepresidenta Calvo no ha hecho otra cosa que intentar explicar adecuadamente las veleidades de su presidente, desde las más gordas y profundas como su indescifrable sistema para resolver la crisis catalana que en estos momentos es un caos de afirmaciones y negaciones, hasta las más domésticas como el uso del avión para acercarse a un concierto de rock en una noche de verano. Los ciudadanos de a pie aficionados a la música, acudimos a esos espectáculos nocturnos pero solemos ir a los que tenemos más a mano. No podemos tirar de un avión oficial para darnos gusto al cuerpo. Carmen Calvo ha tenido que recurrir al viejo argumento de la seguridad durante una apretada agenda de jornada presidencial que concluía con una cita con la cultura.  Una mentira  piadosa para defender a un presidente que se disparata con diez de pipas y se va de la mano de su señora a escuchar rock confundiendo lo público con lo privado.
Los disparates gordos son, sin embargo, más difíciles de paliar y el de sumar a los independentistas catalanes en el apoyo necesario a la moción de censura que le catapultó por sorpresa a la Moncloa, es de tal naturaleza que le puede costar un viaje de ida y vuelta. Calvo es supuestamente una autoridad en Derecho Constitucional y por tanto se ha visto obligada a sumergirse en un extremadamente complejo entramado de razonamientos contrapuestos y aparentemente reñidos el uno con el otro y con su propia ilustración en el conocimiento de nuestra Carta Magna,  para tratar de explicar la bondad del sistema con el que el presidente trata de desbloquear este inmenso lío en el que se ha metido. Desde Barcelona, un Gobierno y un Parlamento independentistas como lo era antes de que Sánchez se instalara en Moncloa, le ha advertido muy seriamente para que se sepa que el respaldo ha de ser correspondido. Los secesionistas le han demostrado que está en sus manos y que cuando quieran lo hunden. En esas circunstancias, ¿Quién aguanta?
Ni siquiera disparando el déficit. O sea, gastando por encima de la posible y subiendo los impuestos para ganar las elecciones.