Segundas partes

La banda del famoseo que en estas calendas todo lo acapara porque estamos en verano y ya se sabe por dónde pasa la actualidad en tales momentos, no suele poner techo a sus comentarios y declaraciones en las páginas en las que habitan que todo lo pueden y todo lo aceptan.  Hay famosillas y famosillos que opinan de política internacional como si se hubieran criado desde niños en el Palacio de la Trinidad. Los hay que se posturean de políticos juzgando como el mayor desparpajo lo que se cuece, los hay que, entre sol y sol cuchipanda y bikinis, se permiten dar consejos, emitir quejas, criticar a  cualquiera de su inestable universo o echar la culpa a los demás de sus propias miserias. Acabo de leer en una suplemento de por ahí que Terelu Campos pronostica que su vida futura depende de lo mucho o poco que quiera joderla Montoro, como si el fisco tuviera que plegarse a los deseos de Terelu Campos en eso de ajustar sus cuentas, esas que no ajustó cuando le correspondía hacerlo. La presentadora, locutora, entrevistadora, comentarista o lo que quiera que sea, se ha permitido el lujo de culpar al ministro de Hacienda de una deuda fiscal de la que la única responsable es ella misma y que tiene que satisfacer como mandan las leyes en los plazos y determinaciones que las propias leyes determinan. Como el resto.
En un país en el que la lectura es un hecho residual y en el que un futbolista de 2ºB gana bastante más que un científico, estas sentencias desabridas son por desgracia el resultado de nadar en tan peligroso caldo de cultivo. Nadie le hace un caso especial a los sesudos comentarios de un catedrático de Historia Contemporánea que propone reflexionar cuidadosamente sobre nuestro pasado para evitar repetirlo en un futuro, pero la gente asume como propias las reflexiones de Terelu Campos y termina pensando que Cristóbal Montoro es el malo de la película. Nunca hemos buscado el consejo de los que saben, nunca hemos escuchado las reflexiones de los inteligentes y con frecuencia nuestros intelectuales se han ido muriendo de asco en el silencio y en el olvido. Y sin embargo, otorgamos cancha a una fauna absurda y sin sentido, que se cree el ombligo del mundo y que se ha forrado a costa de esta sociedad nuestra torpe y desaprensiva que nunca responde a planteamientos responsables sino a las llamadas del populismo.
Terelu Campos ha ganado mucho dinero formando parte de la banda del famosismo pero probablemente lo ha derrochado sin pensar en el futuro. O lo ha disfrutado, o lo ha regalado, o se lo ha comido… Bien está. De eso no tiene la culpa Montoro. Ni la tiene nadie más que ella.