Segundas partes

Acabo de leer un artículo en el que se cuenta que los relatos que Scott Fidgerald escribió en tiempo de vacas flacas  más que nada para sobrevivir porque su carrera de novelista de moda estaba declinando irremediablemente,  van a ser recuperados y publicados en una edición actual que sirva de homenaje al cronista por excelencia de los felices 20 como puede comprobarse a poco que nos echemos a la vista “El gran Gatsby”, personaje que la mayor parte de los estudiosos de la literatura norteamericana contemporánea identifican con el autor mismo.
Fitzgerald fue un tipo exquisito que cuando tenían dinero los gastaba a manos llenas en todo lo que le gustaba. Coches, casas, damas hermosas, buenos restaurantes... Aquellos naturalmente no fue eterno y el escritor hubo de echar mano de oficio para salir adelante especialmente porque ahora el saco sin fondo donde iban a parar los dólares no era el lujo desmedido y la alegría de vivir sino el hospital donde estaban tratando a su mujer. Por eso, y tras un par de sonados fracasos en la edición de sus siguientes novelas que sus editores sintieron tanto como él, hubo de dicarse a escribir relatos en los diarios, una actividad menor pero razonablemente bien remunerada que le permitió ir tirando. El problema surgió sin embargo cuando muchos de los directores de los periódicos que publicaban sus entregas decidían rechazarlas a la vista de que el trabajo era simplemente de muy baja calidad. Son esos relatos inéditos los que verán ahora luz. Los que no fueron publicados por malos.
Como escritor de periódicos que soy no puedo por menos de plantearme una duda  razonable. ¿Puede ser que los cuentos firmados por Scott Fitzgerald y rechazados se hayan vuelto buenos al paso de un siglo de distancia?. Sospecho si los editores de los grandes periódicos norteamericanos de entonces prescindieron de un buen número de trabajos del autor su criterio no purede ponerse en duda y no se me ocurre a mí la presencia de un milagro que los haya vuelto  buenos para esta época. Sospecho que las cuartillas del escritor seguirán siedno igual de dudosas ahora que antes. Pero el nombre de Scott Fitgerald es ahora el que manda.
No es  la primera ni será la última vez que  se idealiza a un artista al paso de los años y  se produce el fenómeno inexplicable de convertir en genial  lo que en su época era simplemente un boniato, el ejemplo de mejoría extrema es el de Van Gogh quwe en vida no fue capaz de vender ni uno solo de sus cuadros. Pero no todos son Van Gogh. En el arte hay mucha impostura, mucha sobredimensión y mucha patraña. Habrá que esperar a leer los cuentos, pero yo no confío nada.