Salir en la foto

Ando yo  transido de serena emoción por estos triunfos del Madrid que me tienen subido en la nube quinta, y si bien ya voy estando  un poco pasado para ir a celebrar las gestas a la Cibeles como antaño, me asomé a la televisión para seguir los fastos de la Duodécima en rigurosa repetición hasta las tantas, con los ecos calientes de las voces del Bernabéu que lo tengo aquí al lado, en el que se dieron cita setenta mil gargantas amigas para proclamar con carácter universal lo que todo el mundo sabe. Esto es una gloria y hasta los diarios catalanes -que son muy suyos- no han tenido más remedio que rendirse a la evidencia.
La plantilla del doblete fue desde la Casa del Reloj en la Puerta del Sol, sede de la Comunidad, hasta el Ayuntamiento que queda ahora justo a la espalda de la Cibeles, la diosa guapa que abocetó don Ventura Rodríguez y a la que Sergio Ramos y Marcelo besaron con el calor y la emoción con que se besa a las mujeres que amas. Pero antes, tocó visitar a Carmena en la Alcaldía y hacer como que lo que estuvo a punto de pasar no pasó que es lo que corresponde a un equipo como el mío. Pero observando el curioso espectáculo de Carmena y los suyos  dando codazos, empujando y pateando  espinillas para salir en la foto junto a los que conquistaron la Orejona, recordaba yo la ferocidad con la que los ideólogos municipales de Carmena y su pintoresco partido asaltaron el callejero de Madrid y propusieron despojar la calle Santiago Bernabéu próxima al estadio, del nombre del histórico presidente del Real Madrid por suponer que don Santiago tenía pasado franquista. El argumento, además de ridículo y mendaz es completamente falso, pero aquellos que ayer se abrían paso a pisotones para salir en la foto con jugadores, cuerpo técnico y directivos eran los mismos que un año antes desencadenaban una auténtica caza de brujas y calumniaban y exigían deshonrar al presidente del Real Madrid con el que comenzó todo esto. Como estamos en un contexto de pelotas, no las hubo para finiquitar aquella indecencia, pero los guardianes de las esencias a punto estuvieron de salirse con la suya. Eran los mismos que mordían para retratarse el domingo con el equipo campeón que Bernabéu nos dejó en prenda. A mí me dio  un punto de vergüenza asistir a la miserable mutación de los chicos de Carmena. Y don Santiago, donde esté, se retorcerá de risa.