Que lo arregle el Papa

Que lo arregle el Papa

El Campeonato Mundial de fútbol es un acontecimiento muy importante, tanto que es capaz de mandar a segundo plano el resto de las cosas que pasan en cada jornada. Estamos encaminados al tiempo de verano, la cuestión política está a punto de estabilizarse hasta nueva orden, y el fútbol es un fenómeno de masas universal que acapara sentimientos y emociones como muy pocas otras cosas. A estas horas, en Argentina se podría producir hasta una crisis de Gobierno que acabara con la presidencia de Mauricio Macri si no fuera porque el nombramiento de Sampaoli como técnico de la albiceleste es anterior a elección del presidente y no se puede culpar de este desastre al habitante de la Casa Rosada. En mi opinión, el seleccionador argentino representa la peor versión de  la conocida costumbre extendida entre los entrenadores argentinos de cascar más que nadie. Sospecho que fue Menotti el iniciador de este peculiar modo de comportarse que convirtió a los entrenadores en filósofos. Interminable en la teoría, inventor de un lenguaje táctico tan enrevesado y críptico que comprenderlo era todo un reto, aquel sujeto de mirada triste, misterioso y flaco, acabó quedándose con todo y sorprendentemente se convirtió en una especie de santón para la generación de técnicos posteriores que inundaron el mercado y sembraron su palabra por todos los rincones del mundo como si fueran apóstoles. El intratable Bielsa es uno de los más caracterizados propagadores, Valdano hace los honores al estilo tirando de su palabra,  y también lo son Berizzo y Sampaoli. Hay desde luego diferencias sustanciales entre un buen entrenador como Berizzo y un trasunto bufo pegado a la banda de Chiquito de la Calzada, pero la inspiración no puede negarse y ambos proceden del mismo antepasado.
Hay un meme circulando por los teléfonos de medio mundo que dice: “Los argentinos le piden al Papa Francisco que bendiga a Messi a ver si se vuelve Cristiano”, una gota de humor entre tanta desgracia que los argentinos se han ganado a pulso. La triste verdad es que la actuación de Argentina en este campeonato ha sido un desastre hasta ahora y no es Messi el que, por el momento al menos, está por la labor de ir al rescate. Indolente y errático, no ha dado una en lo que va de evento. A ver qué dice el Papa.