Pies quietos

Tratar de equiparar el comportamiento del presidente de la Generalitat con el del embajador Morenés durante la presentación de un festival folclórico escenificado en Washington, es un hecho incalificable en el que han coincidido algunos miembros del Gobierno de Sánchez y ciertos medios de comunicación hoy ya entregados a la nueva causa tras el derribo del Ejecutivo de Rajoy. Por ejemplo, RTVE, que ya tiene por cierto nuevo presidente en la figura de Andrés Sánchez, anteriormente redactor jefe de Política en un periódico digital, y próximo a Podemos.
Seguramente, el tratamiento de la crisis catalana que propone el presidente Sánchez va a originar más de una y más de dos tensiones en el equipo de Gobierno aunque en los primeros compases de su actuación serán subsanables. Sánchez ha elegido la teoría de la no confrontación para encarar este complicado escenario, así que se ha inhibido en su necesaria defensa del comportamiento del embajador y se ha inhibido también en el acoso y derribo programado que el independentismo catalán ha puesto en práctica con paulatino carácter progresivo respecto a la figura del Rey ahora que el secesionismo se ha quedado sin Rajoy en el que depositar  la esencia de todos sus males y ha resuelto sustituirlo por Felipe VI al que abuchean, humillan, agravian e insultan públicamente sin tener que responder de ninguno de estos actos. El presidente no ha movido ni moverá un dedo para salir al paso de este comportamiento inadmisible, está en disposición de tolerar todos los agravios y si Morenés o alguno de sus colegas de Exteriores espera un respaldo de su Gobierno está listo. Lo más a lo que pueden aspirar es a una tibia reflexión de su ministro Borrell sin poner por el momento en grave disposición la entrevista que Torra va a llevar a cabo en Moncloa.
Cuando yo era niño, jugábamos en el patio del colegio a un juego denominado “Pies quietos” en el que uno había de detenerse al recibir un balón. Es el juego al que juega en estos momentos Sánchez con el deseo de moverse lo menos posible para no pisar el rabo del león que duerme. A mí me parece una vergüenza y a alguno de los miembros de su equipo sospecho que también. Pero nadie por el momento le va a decir nada.