Peor que ayer

El presidente Sánchez ha resuelto desenterrar a Franco y da la impresión de que lo va a conseguir aunque semejante golpe de autoridad no satisfaga otra cosa que los deseos de algunos nostálgicos y siembre cabreos en otros. Apenas se acuerda ya nadie de que Pedro Duque es ministro y mucho menos de que hay un señor en Cultura que sustituyó al fallido Màxim Huerta y que se ha asomado a los periódicos para tratar de explicar por qué se remueven en su reposo de la sierra los restos de un dictador que lleva sepultado bajo una losa de no sé cuántas toneladas desde noviembre de 1975. Nadie se acuerda de cómo se llama porque no ha hecho nada desde que tomó posesión ni para lo bueno ni para lo malo.
La triste realidad es que todo ha cambiado para que nada cambie y el titular de Interior se enfrenta a los mismos problemas que hubo de lidiar el ministro anterior en la valla de Melilla, donde los asaltantes lanzan ahora cal viva a los ojos de los agentes de la Guardia Civil que tienen que sudar tinta para detener sus avalanchas.
Pero donde las cosas están considerablemente peor que antes de la moción de censura es en Cataluña, donde un visionario que además es cerril y vengativo, ha restablecido todo lo que dejó en suspenso el 155 y en ocasiones lo ha multiplicado por cuatro sabiendo que Sánchez no tiene ni Autoridad moral, ni respaldo parlamentario, ni seguramente voluntad política y constitucional para detener el cada vez más disparatado escenario que este loco de atar llamado Torra  está construyendo con su inapreciable colaboración. El 155 consiguió frenar el gasto indiscriminado, clausuró las embajadas en el exterior, redujo la rebelión y metió en la cárcel a sus responsables o los mandó al exilio. Pero en el momento mismo en el que Torra ha tomado posesión el drama se ha retomado en situación más grave que antes. Y las empresas siguen huyendo de allí.
El problema para Sánchez es que, aunque quiera, no puede convertir un golpe de Estado en una anécdota ni se puede soslayar un capítulo de sedición por mucho que los sediciosos se lo exijan. Puede negociar sobre Sanidad, Educación, Obras Públicas, Inversiones…
Pero nada más, porque si negocia sobre lo fundamental  delinque. De modo que deberá reflexionar sobre ello. Y convocar elecciones lo antes posible.