Ojo al remover

Remover a los muertos en sus lechos eternos nunca ha sido una buena idea y ha acarreado en general más disgustos que contentos. Hay ejemplos muy abundantes en todo el dilatado devenir de la Humanidad, desde tiempos inmemoriales y en las latitudes y culturas más heterogéneas, que desaconsejan esta práctica. Así, a bote pronto, se me ocurre el drama derivado de una supuesta agresión del general Margallo a un asentamiento religioso venerado por las tribus rifeñas porque en él se albergaba la tumba de un santón local que el militar español se empeñó en desalojar para emprender allí la construcción de sus propias fortificaciones. La crisis adoptó por tanto connotaciones religiosas, especialmente cuando los cabileños tirotearon a los zapadores españoles que estaban participando en la construcción, y el conflicto abandonó el ámbito diplomático y terminó en un largo y sanguinario enfrentamiento entre los rifeños y el ejército español que se saldó con la muerte de muchos infantes españoles entre ellos, la del propio general, tiroteado por el fuego de los fusileros nativos nada más asomar el ros por la puerta del fuerte. Las malas lenguas especularon sobre una intervención del entonces coronel Primo de Rivera para aligerar el conflicto. El caso es que aquella intención de menear  difuntos en la huesa también tuvo en este caso resultados funestos como ha ocurrido en muchos otros casos anteriores y posteriores a esta primera Guerra del Rif que lleva el nombre de su iniciador: la “guerra de Margallo”.
Qué decir de las desgracias que diezmaron periódicamente la expedición sufragada por Lord Carnarvon y  dirigida por Howard Carter que descubrió la momia de Tutankamón. El primero en caer fue el propio mecenas que se cortó mientras se afeitaba causándose una extraña infección que acabó con él en cosa de días. Antes se había muerto nada más volver a Londres su hermano. Y a partir de ahí, cayeron como chinches. El fotógrafo, el operario que derribó el último muro, la secretaria de Carter, el padre de la secretaria, un experto canadiense… En definitiva, así hasta treinta y aún siguen cayendo según creo.
Reflexiónese  en profundidad sobre este aspecto antes de aplicar el decretazo. Como aquí nadie reflexiona nada, nadie tendrá todos estos datos en cuenta. Y luego pasa lo que pasa…