O estás o no estás

O estás o no estás

En verano todos los gatos somos pardos y las discusiones playeras, con la ropa justa y el agua por las rodillas no suelen alcanzar los grados de virulencia que se soportan en otras citas del año. Conozco de cenas de Nochebuena que han acabado con hermanos, primos, y cuñados agarrándose por la solapa en un país que está deseando volver a dividirse en dos como antaño. Y más ahora que el Gobierno ha decidido resucitar al olvidado Francisco Franco para central en él la polémica y dividirnos a todos en dos grupos, los que están con él Gobierno y quieren desenterrar al dictador y los que no sienten ese irrefrenable deseo y prefieren dejarlo estar ahí como es mi caso, y  a los que falta una toba para volver a aplicarles el odioso remoquete de fachas. A mejor cosa en la que ocuparse y para tirar de viejas y supuestamente restañadas cicatrices, el Gobierno ha decidido que Franco está muy bien para utilizarlo y tapar así un amplio abanico de carencias en otras latitudes que se solapan apelando al viejo cuento de la derecha y la izquierda inspiradas en la Guerra Civil. Ni siquiera yo había nacido cuando se declaró aquella barbarie, y estaba recién incorporado por primera vez a mi oficio de periodista cuando enterraron a Paco allá arriba en Cuelgamuros.  Ya me dirán si vale la pena rescatar a semejante abominable personaje que parecía ya gastado, superado y afortunadamente olvidado salvo para unos pocos nostálgicos –y a menudo históricamente indocumentados- de uno y de otro bando. Pero ya estamos otra vez. Hace setenta y nueve años que finalizó la guerra civil y cuarenta y tres del entierro de este condenado pájaro.
Zapatero fue el presidente que comenzó a barajar el espíritu de las dos Españas y apeló a la causa perdida para marcarse un par de tantos inspirándose en la memoria de su abuelo, el capitán Rodríguez Lozano, fusilado junto con otros personajes fieles a la República en zona ocupada, acusado de alta traición. Sánchez, que es un chaval de cuarenta y tantos y que contaba dos años cuando Franco murió, desea seguir la misma senda. En mi opinión es una senda peligrosa esa de hacer de Franco y los suyos un motivo de debate y polémica nueva. Peligrosa y malintencionada porque o estás con él en la discusión sobre los restos del dictador o te delatas. Huele chungo, y a mí no me pilla en está trampa.