La misteriosa novela policiaca

La misteriosa novela policiaca

Nunca he ocultado mi afición por la literatura policiaca, cuyos nuevos cultivadores tras un tiempo de preponderancia anglosajona, son en su mayoría nórdicos y han contribuido a revitalizar el género aplicando para ello características muy personales. En la literatura negra escandinava actual todo es gélido: desde la blancura impoluta de sus paisajes hasta el alma de hielo de sus protagonistas, acorde con la inquietante oscuridad de sus pensamientos y la escalofriante penetrabilidad de sus miradas.  
Yo, por razones de edad, prefiero a los clásicos, aquellos que, como Arthur Conan Doyle o Agatha Christie, utilizaban un sencillo artificio consistente en dar cita a una docena de criaturas con ciertas negruras en sus armarios en un ámbito cerrado y dejar que pastaran a su aire engatusando al lector a cada vuelta de página. Al final, y tras mucha especulación hija de las dudas planteadas por el comportamiento equívoco de todas sus criaturas participantes, el asesino era el mayordomo o alguien que había matado al mayordomo de verdad y lo había suplantado para seguir asesinando. Así se escriben las novelas de misterio, partiendo de una situación aparentemente irresoluble que consiste, por ejemplo, en colocar al muerto en mitad de una habitación inaccesible y titular el relato “El misterio del cuarto cerrado”  para que los lectores se devanen la sesera tratando de averiguar cómo diablos consiguió el criminal acceder a la pieza cerrada a cal y canto, sin percatarse de que el único que comparte con el dueño de la mansión la contraseña del dormitorio es el propio mayordomo.
El misterio que nos ocupa ahora es más prosaico pero no por ello menos perturbador y daría para un espléndido cuento policial que me estoy planteando ahora que tengo tiempo para escribir lo que me venga en gana. Se trata de “El misterio del portero que no paraba ni una” y su protagonista es David de Gea  como algunos ya habrán adivinado.   Es un guardameta que en el pasado Mundial le tiraron doce veces a puerta y le metieron once goles, pero que no parece haberse recuperado de esa maldita costumbre. En los dos últimos encuentros internacionales  (contra Inglaterra en Wembley y contra Croacia en Zagreb) le han tirado diez veces y le han metido seis goles. Un misterio sin duda.