Medidas desesperadas

Medidas desesperadas

El presidente del Gobierno está adoptando medidas desesperadas para poder prolongar su calvario. Juntando todas ellas, se pergeña una situación general desagradable y compleja que no solo debilita la figura institucional de aquel que está llamado a presidir el Consejo de Ministros, sino que deteriora los propios mecanismos con los que cuenta el Estado para mantener su condición de escenario libre y democrático. En su angustiosa necesidad para mantener como sea su condición de Gobierno, Sánchez no ha tenido inconveniente alguno en acudir al decretazo para sacar adelante dos o tres pinceladas que le muestren gobernante sabiendo que el decretazo es el enemigo público número uno de la normal actividad parlamentaria. En su intención de controlar férreamente los medios de comunicación que le pertenecen como entes públicos, ha entrado en ellos con el hacha en la mano colocando personajes de su confianza para llevar a cabo la mayor muda ideológica que se recuerda. Rosa María Mateo, a la que ha elegido para despachar semejante poda de cabezas, no ha dejado ni uno hasta el punto de que ya hay respuesta  de profesionales serios e independientes   de la casa quienes, horrorizados por la caza de brujas, lo han hecho público en una comunicación urgente. Ayer, y obviando el hecho de que una modificación del Estatuto de Autonomía de cualquier comunidad necesita pasar por el Parlamento, le ofreció uno nuevo a Torra vulnerando otra vez las reglas que hacen noble y democrático un Estado de Derecho. El presidente catalán lo ha enviado a paseo, lo que añade más miseria y vergüenza al hecho, pero desgraciadamente a Sánchez esas cosas  le resultan accesorias. De hecho pretende no solo  orillar siempre que pueda al Congreso sino también al Senado, al que intenta lesionar gravemente descalificándolo para modificar a su antojo el acuerdo de Estabilidad Presupuestaria con el que nos habíamos ganado el respeto y el respaldo de la Unión Europea.
Pero no es el desesperante juego de idas y venidas de los ministros a los que hay que enmendar la plana cada dos por tres –Llarena, emigración, sindicato de prostitutas, Huerta, etc.- lo peor, sino los preocupantes signos de desaceleración económica que comienzan a aparecer en lontananza y que nos están avisando. Eso sí es realmente grave. Ojo a estas señales.