Mandar y obedecer

Mandar y obedecer

Pedro Sánchez ha hecho su entrada en la política continental de la mano de Merkel, la líder conservadora con la que hace años –cuando Sánchez soñaba despierto con ser un mocito político de provecho- tuvo sus más y sus menos. Entonces, quedaba muy propio para la izquierda española hacer desprecios a Merkel y Sánchez los hizo siguiendo la tendencia entonces vigente, despreciando posiblemente los consejos de Felipe que conoce al dedillo la conexión alemana y recibió la alternativa del mismísimo Billy Brandt que le apadrinó y le acogió cariñoso en el exclusivo círculo de la socialdemocracia europea.
Pero una cosa es criticar al rival político su grado de servidumbre para con la señora Merkel, y otra muy distinta es enfrentarse cara a cara con ella, aunque sea en el marco aparentemente festivo del Coto Doñana donde los presidentes socialistas tienen por costumbre ir a parar y donde dicen los que conocen el ámbito que hay que pelearse literalmente con unos mosquitos como saltamontes de grandes. La canciller de Alemania debe transmitir una imagen que impresiona y representa además al país líder de la Unión, de modo que también a Sánchez le ha cantado esta señora las cuarenta. Y eso que  el cambio político se ha advertido claramente en los medios de comunicación que han vuelto a alinearse como siempre lo habían hecho y los que fueron afines como ocurre con el que todos sabemos, se olvida de aquel par de editoriales feroces dedicadas a Sánchez como se ha olvidado Curtois de sus dedicatorias a los madridistas desde la balconada de la sede de la Comunidad. 
Aun así, y por mucho que RTVE ya ganada para la causa y tomada por el nuevo equipo le haya dado al encuentro una singular vuelta de tuerca, el paso de Merkel por la reserva natural gaditana debe expresarse con el contenido cierto que posee y que demuestra como Angela Merkel sigue marcando las reglas y muy especialmente a un presidente del Gobierno que no tiene el poder que quisiera tener y que lo busca con munición de fogueo. Merkel es veterana y experta, ha ganado cinco veces las elecciones de su país y posee la autoridad necesaria para dejar claro a quién corresponde liderar los destinos europeos. En Doñana solo un cachorrito de lince portugués osó contestarla.